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‘El Corte Inglés’: el paradigma de la censura en España

El Corte Inglés

Desterrado ese camelo manido y facilón sobre que en democracia los medios de comunicación no están sometidos a ningún tipo de censura (aunque es un tema un poco más extenso), pongamos ahora encima de la mesa el caso de los grandes almacenes españoles llamados ‘El Corte Inglés’: a pesar de ser una de las empresas más grandes del país y de tener gran protagonismo y relevancia a nivel social, nunca se ha registrado ni una sola publicación que pudiera perjudicar a esta corporación en un medio de comunicación masivo y con una audiencia relevante.

Quizá no tenga nada que ocultar ni nada de lo que avergonzarse, pensarán algunos. Pero nada más lejos de la realidad: la empresa que fundara en su día César Rodríguez está profundamente arraigada en el Opus Dei (organización secreta perteneciente a la iglesia católica) y tiene configurada su jerarquía a través de una política machista y piramidal. Los trabajadores están tan alienados que forman sus propios núcleos familiares dentro de la plantilla de los almacenes, además de conceder una entrega prácticamente absoluta a sus superiores. Tanto es así, que los empleados nunca han tenido representación sindical fuera de los sindicatos que ‘El Corte Inglés’ creó para la ocasión y que, claro está, se controlan desde los despachos de los jefes: FASGA y FETICO, “sindicatos al servicio de la empresa, que también se encarga de que ninguna otra candidatura se pueda presentar, utilizando amenazas, premios y represalias”, por lo que se puede decir que sus trabajadores renuncian sistemáticamente a sus derechos de representación sindical. Estos hechos se traducen en ser la empresa española con menos seguimiento los días convocados de huelga general, entre otras cosas. Los más suave que podría decirse de esta corporación es que es absolutamente opaca y que, por tanto, tiene mucho que esconder o de lo que avergonzarse.

Pero, ¿cómo consigue acallar a las televisiones, las radios y los periódicos sobre los entresijos de sus modus operandi? Muy fácil: untándolos a través de campañas de publicidad.

Los medios no se atreven a decir ni mu sobre la empresa del triángulo verde: que si ‘La Semana Fantástica’, que si ‘Los Ocho Días de Oro’, que si ‘Ya es Primavera’, que si ‘Feliz Navidad en El Corte Inglés’, sus famosísimas rebajas… todas sus campañas son generosamente difundidas en esas plataformas a golpe de jugosos talonarios. De hecho, su inversión publicitaria en medios convencionales españoles sólo es superada por Procter & Gamble, una compañía que engloba más de 300 marcas en más de 160 países.

Pero una vez sucedió algo. Alguien quiso publicar un libro contando toda la verdad sobre la compañía. Su historia, sus propietarios, sus entresijos. Se tituló ‘Biografía de El Corte Inglés’. El libro, según el autor Javier Cuartas, “nunca llegó a las librerías en su primera edición. Tras tirar 20.000 ejemplares y, por razones nunca aclaradas, los libros desaparecieron. Además, Cuartas declaró haber recibido presiones tanto económicas como profesionales por parte de los grandes almacenes. Según una información que la compañía se ha dedicado a desmentir sucesivamente, toda esa tirada fue comprada por Ramón Areces, el entonces presidente de la empresa, para que no apareciera en las librerías. Incluso se llegó a afirmar que ese libro nunca existió.

Biografía de El Corte Inglés

Afortunamante, en 2005 -casi dos décadas después-, una editorial llamada ‘Libros Límite’ se armó de valor y reeditó el libro. Pero claro, no sólo a toro pasado, sino enfrentándose al silencio sobre su existencia en los medios de comunicación, como ya sucedió la vez anterior. Actualmente, es díficil encontrarlo a la venta, aunque no imposible. Según muchos expertos, es el libro más censurado de la historia de la actual democracia española.

Ya no es difícil imaginar cómo se controla la información sobre el resto de anunciantes o sobre los propios dueños de las corporaciones mediáticas o de las que son anunciadas. La televisión no está hecha para dar información de calidad a los ciudadanos. Pobres ilusos los que piensen eso. Para nada. Como dijo Silvio González, actual consejero delegado de Atresmedia, “el negocio de las privadas -y el de las públicas, añado yo- no es la calidad, si es que alguien puede decir qué es eso. Tan solo ponemos espectadores a disposición de los anunciantes. Pues así mismo. Sean bienvenidos los anunciantes, al más puro estilo Bienvenido Mr. Marshall.

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¿Qué sucedió con ‘Quién sabe dónde’?

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Resulta curioso que precisamente un programa de televisión que se dedicaba a denunciar casos de desaparición (y a resolver la inmensa mayoría de ellos), desapareciera fulminantemente y que todavía hoy, más de 15 años después, sigan sin saberse claramente los motivos.

El programa ‘Quién sabe dónde’, el gran precedente del ‘info-show’ o de la ‘telerrealidad’ en España, era un espacio que se emitía en la primera de Televisión Española en el que se mostraban casos de desapariciones, incluyendo testimonios de familiares y testigos. Su misión consistía en pedir ayuda a los telespectadores para determinar el paradero de esas personas. La enorme cantidad de audiencia que generaba y la conmoción que producía en la por entonces sociedad española fueron las razones por las que mucha gente colaboraba activamente con las búsquedas. Al finalizar, pudo presumir honradamente de haber resuelto el 70% de los casi tres mil casos que allí fueron denunciados.

El espacio, presentado primero por Ernesto Sáenz de Buruaga y después por Paco Lobatón, permaneció la friolera de 6 años en antena. Se emitió desde 1992 hasta 1998, sostenido por una audiencia enorme que lo mantuvo hasta el final de sus días. Los temas que se trataban eran diversos: desde desapariciones de niños o ancianos hasta crímenes de gran relevancia mediática. Según numerosos analistas y profesionales de la televisión, su cese de las pantallas vino motivado precisamente por denunciar un caso de gran interés social.

Hagamos memoria: en el año 1998 ya gobernaba en España -y, por tanto, controlaba RTVE- el gobierno de José María Aznar. ‘Quién sabe dónde’ se seguía emitiendo con normalidad desde la entrada del Partido Popular en el año 1996, pero hubo un hecho que hizo revolver estómagos en los despachos del ente público: Paco Lobatón se atrevió a destapar el caso de los niños robados en España.

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Aunque hoy en día estemos acostumbrados a conocer casi semanalmente nuevos datos sobre el entramado, en los años noventa no existía una tecnología de la información capaz de poder unir y hacer una voz común para los cientos de miles de afectados. Recordemos que el asunto ya se dio a conocer en la revista ‘Interviú’ y en el diario ‘El País’ a principios de los años ochenta, pero por entonces se silenció toda la información proporcionada por estas publicaciones. El tema se mantuvo bajo secreto. Como se ha sabido últimamente, la red criminal de tráfico de niños estaba muy vinculada al Opus Dei, organización perteneciente a la iglesia católica y que tenía como miembros a algunos de los médicos y de religiosos que operaban en esta trama.

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Y… ¡bingo! El Partido Popular y el Opus Dei son organizaciones con una relación muy estrecha. Aunque nunca se ha confirmado la membresía del expresidente del gobierno a la obra, sí que son numerosos los altos cargos del partido que pertenecen a la organización. Por supuesto, había que defender a los suyos. El presentador explicó en una entrevista concedida hace cinco años que “lo que ocurrió en el 98 fue que cometí la ingenuidad de no percatarme del cambio político y al entrar el PP no permitieron la vuelta del programa”.

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La versión oficial sobre el cierre del espacio explica que fue imposible llegar a un acuerdo para la renovación de la temporada siguiente. Desde entonces, el presentador y periodista Paco Lobatón fue relegado a un segundo plano y estuvo presentando programas de entretenimiento de audiencia discreta y de contenidos banales.

Ahora, teniendo el caso de los niños robados encima de la mesa con numerosos testigos, asociaciones, víctimas y acusados con nombres y apellidos, Lobatón ha vuelto a la televisión para participar en los debates que tratan el asunto. En ellos no ha explicado nada sobre el cierre de su antiguo espacio, pero sí que ha dicho explícitamente que existe una relación entre el tráfico ilegal de bebés y el Opus Dei.

Lobatón, por su parte, anunció en 2008 que está intentando volver a hacer ‘Quién sabe dónde’ para emitirlo en la actual parrilla televisiva.

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