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Encuestas: el arma mediática perfecta de manipulación electoral

En cualquier campaña electoral distinguimos varios elementos imprescindibles: la saturación mediática de mensajes políticos, los mensajes y promesas de los candidatos de los partidos más importantes, la propaganda, el merchandising y las encuestas. De todos ellos, hay uno entre los demás que nos inspira mucha más confianza que el resto. Excepto los resultados de las encuestas, sabemos que lo demás son partes interesadas de un engranaje que se inclina a favor de unos intereses muy concretos y por ello se posiciona a favor de un partido u otro, aunque esos intereses tengan que ver más con lo económico que con lo político.

Si escuchamos a un candidato –simpaticemos con él o no– asegurando que va a ganar las elecciones, por supuesto que entendemos que quiere lanzar un mensaje de seguridad para servir a sus propios intereses para movilizar y animar a su electorado. Pero, ¿qué ocurre si lo dice una encuesta? La imagen neutra que tenemos de sus resultados nos otorga una sensación de mucha más seguridad, pues ya no lo dice un partido sino una muestra representativa de la sociedad.

Para empezar, comencemos explicando las partes que debe tener una encuesta –datos que no suelen ofrecer los medios de comunicación pero que sí deben tener por ley para que tenga validez–:

La definición del universo (población de interés): dado que no se puede entrevistar a la totalidad de la población, se define un objeto de estudio y se trabaja sobre él (por ejemplo: españoles de ambos sexos con más de 18 años y con derecho a voto).

La muestra: se refiere a los sujetos que se han escogido de ese universo para ser entrevistados. Deben tener un carácter representativo: si tengo una muestra de 100 personas y el 20% de la población no tiene estudios superiores –por poner un ejemplo–, 20 de esas personas tampoco deben tenerlos.

Las preguntas: esta parte es más importante de lo que parece. Las preguntas deben tener muchas opciones para captar con el máximo detalle los datos (siempre se debe optar por respuestas libres antes que selecciones encorsetadas como “sí o no” o “bueno, regular o malo”).

El tiempo de realización: las encuestas tampoco deben durar mucho, porque pasado cierta cantidad del mismo, el encuestado opta por decir a todo que no para acelerar el final.

El contexto: no es lo mismo preguntarle a un votante del PP sobre su intención de voto recién estallado el caso Bárcenas (ya que en ese momento probablemente no responderá la verdad por pudor) que preguntárselo después de uno de sus logros políticos. Lo ideal es realizar encuestas en fechas próximas a las elecciones, puesto que la población, al ver más cercano el momento de ir a votar, asiente sus ideas con más frialdad y seguridad.

¿Las encuestas pueden manipular los votos? La respuesta es sí

A continuación, vamos a detallar los efectos que la recepción de los resultados de las encuestas pueden tener sobre la masa electoral:

  • Efecto “carro del vencedor”: este efecto sucede cuando la población, al ver los resultados de una encuesta, opta por votar a las opciones con más votos para sentirse más “integrado” en la sociedad. Si alguien pensaba votar a un partido al que las encuestas no otorgan ningún resultado relevante, tras ver los resultados de la encuesta optará por otras opciones. Se creerá un “inadaptado” además de tener la sensación de que su voto voto no va a servir para nada.
  • Efecto “vagón de cola”: este otro efecto tiene resultados distintos: el electorado de un partido se moviliza tras ver los resultados de una encuesta en la que señala un descenso o derrota del partido al que suele votar. Esta movilización se da para que su partido, temiendo que vaya a perder, no pierda.
  • Efecto “vuelta al redil”: también es un efecto favorable al partido o partidos que salen perjudicados en las encuestas. Los electores que pensaban abstenerse se movilizan para que el partido preferido entre los no preferidos salga elegido, como mal menor.

Vistos los efectos, éstos se producen dependiendo del tipo de público al que se dirijan, y aquí es donde los medios de comunicación cumplen un papel fundamental, que dan sentido a todos los efectos: es la línea editorial la que va a provocar efectos en los espectadores dependiendo del resultado de las encuestas. Pongamos un ejemplo: si un medio de comunicación de derechas (con público de misma ideología) publica una encuesta en la que dice que el partido de derechas va a perder por muy pocos votos, su electorado se movilizará más que nunca para que no suceda, incluso creando una microcampaña electoral para su círculo íntimo de personas advirtiéndoles de que deben votar para que no gane el otro partido (efecto “vagón de cola”).


¿Son fiables los resultados de las encuestas?

Hay que comenzar la respuesta a esta cuestión empezando por dejar claro que los individuos no eligen ser encuestados, por lo que muchos eligen no participar. Los que sí están dispuestos pueden ser sólo los más interesados, con lo que el resultado estaría sesgado. Además, las preguntas que se plantean en una encuesta pueden ser dirigidas a personas que no tienen opiniones consistentes sobre lo que se pregunta.

Existe la posibilidad de que el encuestado nunca haya pensado antes sobre lo que se pregunta, con lo que la respuesta, si existe, será parcial o inventada. También influye –como hemos apuntado antes–  el orden de las preguntas, su tipo y el tiempo que tardan en realizarse.

El dinero es otro factor de deformación de la encuesta: si no se dispone de inversión suficiente para llevarla a cabo, puede resultar poco representativa (a menos encuestados, menos representación).

Los medios de comunicación, para crear los efectos deseados, suelen contratar a empresas de encuestas que las hagan en exclusiva para ellos y, por tanto, tenderán a favorecer los resultados en función de lo que quiera hacerse con ese electorado en ese momento. Las encuestas tienen su ciencia y su técnica es bastante definida, sí… pero jugando con lo relativo (cogiendo una muestra u otra o haciendo unas u otras preguntas) se consigue que el resultado vaya a favor o en contra de lo que se proponga. Así, nos podemos encontrar con que cada medio publica unos resultados de encuestas sobre un mismo tema totalmente dispares, como suele pasar en el tema de las elecciones catalanas, con tanta disparidad de líneas editoriales al respecto.

La persuasión de las encuestas es tal que, en muchas legislaciones –incluida la española–, se reconoce la “veda electoral”, un lapso durante el cual, entre otras cosas, está prohibido publicar resultados  de sondeos desde los 5 días antes de la celebración de unas elecciones. De hecho, muchos han sido los políticos que han controlado directa o indirectamente las empresas que realizan las encuestas cuyos datos se replican luego en las noticias.

Para evitar manipulaciones, lo mejor es definir una intención de voto propia en función de la ideología de los partidos y de las expectativas creadas en ellos, además de la trayectoria que tengan.

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¿Se publican las noticias cuando son difíciles de creer?


Aparte de los filtros de la comunicación que ya comentamos anteriormente, y que como ya puntualizamos eran los filtros a los que se enfrentaban todos los medios de comunicación masivos con una audiencia relevante sin excepción, existen otros filtros, otros criterios para decidir si una noticia se publica o no se publica. El caso varía ya no sólo en cada medio, sino en algunas ocasiones el criterio es distinto según el programa o cada una de las secciones: todo dependerá de lo que establezca la figura directiva en cada caso.

Pero existe un filtro más o menos común y que tampoco tiene que ver directamente ni con los poderes fácticos ni económicos: el de la credibilidad. De hecho, la imagen que encabeza este texto ya predispone al lector a leerse algo que, de primeras, no está muy dispuesto a creerse.

Muchos teóricos y propietarios de empresas de comunicación saben muy bien que hoy, uno de los mayores activos intangibles (un elemento que genera beneficio a la empresa y que no se puede materializar) de los medios de comunicación, por no decir el mayor, es la verosimilitud. Cuando un medio es creíble, cuando la firma o la marca que acompaña a una información tiene forjado un prestigio que garantiza lo cierto de esa información o la calidad que tiene en el sentido de honor a la verdad, más tiende a ser consumido. Parece evidente.

Pero detengámonos un momento a pensar: si la credibilidad vende por sí misma, ¿qué ocurriría cuando en una redacción se pone sobre la mesa una noticia que es cierta pero que la gente no se la va a creer? El honor a la verdad está presente; que la gente se lo vaya a creer, no.

 

Existen varias razones por las que esta noticia no se publicaría, dependiendo de su contenido, estableciendo la verosimilitud como filtro de información:

-Miedo a hacer el ridículo
El medio teme que sus consumidores no acaben de creerse esa noticia y que, por tanto, piensen automáticamente que se han equivocado al ofrecer los datos. Por tanto, el ridículo vendría como consecuencia de que la gente perciba la inclusión en su medio de esa información como un error garrafal.

-Temor al desprestigio
Si el medio de comunicación tiene cierto prestigio, que comúnmente se consigue a través de la experiencia y de ofrecer contenidos creíbles y de calidad, tendrá muchos más reparos que medios que no tienen ese posicionamiento para publicar noticias que no son creíbles porque tienen mucho más que perder.

-Aislamiento
Cuando una noticia que no ofrece credibilidad se publica en un medio de comunicación, tiene una alta probabilidad de ofrecerla de forma solitaria: es más que probable que los demás medios no la publiquen por las dos razones anteriores: de esta forma, ese medio quedará aislado en su ‘valentía’ por ofrecer una información que, a pesar de lo increíble, está siendo difundida bajo el respaldo de su nombre.

 

También están los casos en los que aparecen publicadas noticias increíbles y que hacen honor a la verdad, pero siempre y cuando se cumplan algunos de estos condicionantes:

-Adecuación a la Agenda Setting
Cuando todos los medios de comunicación publican algo, la noticia entra dentro de lo que se denomina la ‘agenda setting’: una especie de entorno informativo en el que entran y desaparecen temas para extraer de ellos noticias. Si unos hechos se introducen en esta dinámica, si se convierten en un tema recurrente para elaborar noticias, se difundirán por mur increíbles que parezcan. El hecho de que todo el mundo hable de ellas también le otorga un grado importante de credibilidad a pesar de su naturaleza inverosímil.

-Existencia de pruebas accesibles
Si la difusión de esa noticia viene además acompañada de pruebas a las que pueda acceder todo el mundo (fundamentalmente internet, o elementos a los que se tiene libre acceso como el cielo o el agua) la incertidumbre ante la posible o no adecuación a la verdad de esa noticia se reduce considerablemente, otorgando a los consumidores de la información la posibilidad de que comprueben si esos datos son acordes o no a la verdad.

-Ejercicio de la presión social
Muchas veces, una noticia increíble sale a la luz porque un determinado grupo de personas, generalmente importante en volumen y, en algunos casos, importantes en relevancia, inician una campaña de presión a través de medios de comunicación minoritarios y, poco a poco, la presión va llegando hasta las altas capas de las empresas informativas.

Todos estos condicionantes se pueden resumir, en conjunto, como situaciones que aumentan el grado de credibilidad frente a la apariencia de falsedad que en un principio tiene esa noticia inverosímil.

A pesar de que haya algunas noticias que se publiquen, no debería existir ningún filtro informativo con la excusa de la credibilidad ni ningún otro, siempre y cuando las informaciones sean ajustadas a la ética y a la verdad.

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