medios de comunicación españoles

El mayor secreto de los medios: las noticias sobre ellos mismos


Uno de los asuntos más contradictorios en los medios de comunicación es que por una parte se pida transparencia informativa y libertad para publicar contenidos pero, al mismo tiempo, no se hable sobre lo que le sucede a la propia empresa que edita y difunde esas informaciones.

Teniendo en cuenta que un medio de comunicación se limita y funciona mediante las mismas leyes que cualquier empresa (algo que viola sistemáticamente los fundamentos para establecer términos éticos rígidos), no es de extrañar que se den estas anomalías deontológicas. Como dijo el periodista Ryszard Kapuściński, “cuando se descubrió que la información era un negocio, la verdad dejó de ser importante”.

A continuación veremos en qué casos se publican noticias sobre medios de comunicación:

Noticias que benefician al medio

Cuando algún periódico, web, radio o televisión ha obtenido algún logro o tiene algún dato positivo que comunicar, normalmente se hace mediante inserciones publicitarias en sus franjas comerciales o como noticia en sus propios programas o secciones. Se suele optar por lo primero porque es menos descarado y no tan arrogante. Es frecuente que estas noticias tengan que ver sobre datos de audiencia aumentados con respecto a otros tramos temporales, fusiones con otros medios o el aumento de la obtención de beneficios económicos. Más que para su propio regocijo, estos datos se suelen difundir para lanzar un mensaje de superioridad hacia la competencia y para convencer al espectador o lector de que está eligiendo el mejor sitio para informarse, pero cabe destacar que nada tiene que ver el número de personas que consumen ese medio con la calidad informativa que ofrece; muchas veces es inversamente proporcional.

Noticias que perjudican al medio competidor

De la estrategia del apartado que precede a éste, deriva ese fenómeno propio de niños consistente en restregar los malos datos o noticias negativas sobre la competencia para conseguir el mismo efecto que la difusión de contenidos que benefician al propio medio: perjudicar al rival o decirle al espectador que está escogiendo la mejor opción frente a la alternativa. Aunque se suele tener cautela para publicar este tipo de informaciones, hay veces que, dependiendo de la época o de la diferencia entre los espectadores de uno u otro (cuanta más pequeña es la diferencia más suele darse), esas noticias contienen datos muy sensibles y se intenta hacer mucha sangre con ellas. Es raro poder encontrarlas precisamente porque todos tienen muchas vergüenzas que guardar, y la respuesta podría ser igual de dolorosa por parte del primer perjudicado. Es por ello por lo que se establece una especie de coexistencia pacífica, como así sucede en la mayoría de las guerras frías que se libran en todos los ámbitos, en este caso el empresarial. Una guerra caliente, que en este tema se traduciría en unos medios hablando sin límites sobre los secretos de sus rivales, podría terminar por hundirse los unos a los otros.

Noticias en un medio menor sobre asuntos de otros medios pero nunca del propio

Debido a que la guerra que podría desatarse si los medios empezaran a contar todos los trapos sucios entre ellos sería altamente autodestructiva, los programas que contienen únicamente noticias sobre las empresas informativas quedan relegados a medios con audiencias discretas, como internet o pequeñas plataformas en papel. A pesar de ello, tampoco son demasiado importantes los hechos que se filtran hasta estos sitios porque habitualmente esos datos sólo son conocidos por los propios trabajadores y por los dueños. Los primeros no van a arriesgar su trabajo así como así, y los segundos evidentemente no van a filtrar nada que pueda perjudicar a su negocio.


Los sitios más conocidos sobre noticias que hablan de medios de comunicación son webs especializadas en televisión (como por ejemplo Vertele), cuyas informaciones no suelen pasar de chascarrillos sobre aperturas o cierres de programas, y la sección ‘Reality News’ de la revista satírica Mongolia, cuyas noticias son de alta calidad y sus fuentes de primera mano, pues no olvidemos que esa publicación se fundó por extrabajadores de medios serios y relevantes que, por distintos motivos, fueron cesados de sus cargos.

Las noticias que nunca aparecen

Ahora mismo es díficil que no aparezca ninguna noticia con cierto interés en cualquier medio, debido a la facilidad y a la universalidad del uso de las actuales tecnologías de la información. Aún así, permanecen muchas veces a la sombra datos que conciernen a medios de comunicación sobre acoso a trabajadores, negocios sucios de los dueños, utilización de rutinas y técnicas de manipulación informativa o relaciones más allá de lo profesional entre propietarios de medios y usufructuarios de los poderes públicos, que son sólo algunos ejemplos de lo que no sabemos. Puede que se publique algo en algún blog, en algún libro o en alguna emisora minoritaria y que pase de largo sin pena ni gloria para la inmensa mayoría de los ciudadanos. También ocurre que esa noticia pueda publicarse en medios fuera del ámbito geográfico en el que sucede (por ejemplo, que se publiquen en España las noticias sobre los juicios de Berlusconi), y que siguen dejando impune al culpable frente a los ojos de la gente que se encuentra en su entorno personal, social y empresarial.

Los medios, como agentes sociales que deberían ser, tendrían que responder ante sus propias acciones cumpliendo la función con la que ellos mismos justifican su existencia: la distribución de la información, la búsqueda de la verdad y la misión de cumplir el papel de ‘perro guardián’ del pueblo llano frente al poder. Pero todo es pura retórica. A la vista está. No hay discusión al afirmar que una difusión correcta de los datos sobre empresas informativas sigue siendo, sin duda, una asignatura pendiente del conglomerado de comunicación español.

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¿Cómo debería ser el periodismo en un sistema democrático?


Hay que matizar, en primer lugar, que la democracia tal como la conocemos hoy es una perversión y una distorsión del verdadero concepto clásico, traducido como ‘el gobierno del pueblo’: en España, ahora mismo lo que hay es una democracia pero con muchos apellidos: indirecta, monárquica y parlamentaria. Cada uno de esos apellidos le resta espacio a los ciudadanos para ejercer correctamente su poder dentro de un sistema político con tal denominación.

Y en segundo lugar, hay que advertir que cualquier sistema social está condicionado de forma absoluta por su sistema económico: España, como tantos otros, es un país capitalista, y el capitalismo se basa precisamente en la desigualdad, en la riqueza y en la pobreza, en el que gana y en el que pierde. Si a esto le sumamos los apellidos que hemos detallado antes, el poder del pueblo queda prácticamente reducido a la nada. Todo es pura retórica.

 

Dejando atrás los matices de lo que hoy conocemos como ‘democracia’, pasaremos a ver los puntos clave para determinar el ámbito de actuación de las empresas informativas en un sistema democrático occidental:

-En primer lugar, hay que deternese también en la idea de ‘empresa’ como parte del concepto ‘empresa informativa’: según las épocas, dentro de la empresa se ha realizado una actividad u otra y también ha prevalecido una forma jurídica sobre otra. La empresa, como organización, también varía según sea el contexto cultural e ideológico en que se desarrolla. Esto lleva a la empresa a un mayor o menor grado de libertad. En una democracia hay limitaciones al igual que en una dictadura, por lo que la empresa se manifiesta de una forma diferente según el sistema político en el que se encuentra.

-Sin libertad, no hay auténtica empresa y mucho menos si ésta es informativa. Si eliminamos el dinamismo empresarial, eliminamos la condición básica que tiene el empresario para formar una empresa. Según ese grado de libertad nos encontramos con tres opciones en relación con la empresa informativa: sistema democrático (sistema de persuasión político de masas); sistema autoritario (sistema de exclusión político de masas); y sistema totalitario (sistema de condición político de masas).

-Dentro de la perspectiva del sistema político, se advierte que hay más libertad informativa en el sistema democrático, aunque esa libertad no es, ni mucho menos, total. También influye la perspectiva de la cultura política de cada país (en un territorio puede haber impuesto un sistema político que no tiene por qué coincidir con su cultura política) y los medios de comunicación disponibles (hay países a los que no llega internet, o donde la ley no permite más de cierto número de canales de televisión, etc.).

Actualmente, en el siglo XXI, disponemos de nuevas tecnologías y con ellas aparecieron nuevos modelos empresariales que afectan a los países desarrollados.

 

Pero, ¿cómo debería funcionar ese sistema de persuasión político de masas (o democracia)?

Se corresponde con las democracias tradicionales. Este sistema está por encima del resto de sistemas en el desarrollo de los derechos y libertades.

La democracia es el sistema al que aspiran todas las naciones. Anteriormente habían pocas democracias y más dictaduras. El sistema democrático pretende alcanzar armonía entre los derechos y las libertades de los ciudadanos.

La pretensión es crear ciudadanos libres en un sistema democrático bajo instituciones como la prensa independientes. Dentro de los sistemas democráticos existe un pluralismo político e informativo.

Los medios tienen diferentes funciones, pero  la más importantes es formar una opinión libre en la opinión pública que va a formar parte de ese pluralismo político.

Lástima que todos estos aspectos teóricos se queden en papel mojado a la hora de la verdad. Con los matices que se han apuntado al principio, es probable que ahora mismo los sistemás democráticos tal como los conocemos estén más cerca de las características y objetivos de lo que se denomina conducción política de masas. O dictadura. Pensemos: ¿hay tanta diferencia entre la democracia y la dictadura? ¿Los ciudadanos tienen el verdadero poder sobre su Estado? Desde luego, en este sentido, el periodismo no está a la altura del entorno político en el que se supone que se encuentra.

Precisamente por eso, porque sin periodismo no hay democracia, ahora mismo no vivimos en una democracia tal como está el periodismo. Así de sencillo.

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Los filtros mundiales de la información: lo prohibido para los periodistas


Aunque este blog trate temas sobre censura en medios de comunicación españoles, es necesario apuntar que estos mismos se rigen, a su vez, por unos condicionantes que funcionan de forma hegemónica sobre prácticamente todo el globo terráqueo.

Después de la caída del comunismo soviético, nos quedó una única potencia mudial que dirige el mundo a efectos prácticos: Estados Unidos. No sólo es el gran dictador a nivel económico: desde el ala oeste de la Casa Blanca (lugar donde se encuentra la oficina de prensa del Presidente) y el Pentágono (edificio donde se encuentran las oficinas de dirección de la defensa estadounidense) saben muy bien que la información, en la mayoría de las veces, es mucho más poderosa que cualquier arma militar.


Y ese poder que se quedó tras la Guerra Fría, la superpotencia del Tío Sam, también actúa como una especie de censor sobre los datos y los temas con los que se elaboran las noticias. En realidad funciona como un sistema de autocensura de los propios medios (mesoestructura comunicativa) y los profesionales de la información (microestructura). Todos saben muy bien que cualquier duda que se siembre a través de los medios para perjudicar a la cultura establecida será calificada por los demás como ataques, mentiras o conspiraciones provenientes de grupos antisistema: o estás conmigo, o estás contra mí.

En estos momentos, son cinco los filtros de información que existen para elaborar las noticias en las sociedades desarrolladas y en medios con una audiencia relevante:


La propiedad

Es evidente que no se va a publicar ninguna noticia que perjudique a los propietarios de esos medios, que a su vez suelen tener intereses en otras empresas, sean o no de comunicación, y más ahora en el actual panorama en el que existen tantísimas concentraciones e interconexiones a nivel accionarial. En este mismo blog hemos puesto ejemplos concretos sobre la existencia de este filtro, como la entrada sobre los bancos que acaparan propiedad de medios informativos o la que se refería a las noticias sobre ellos mismos.


La publicidad

Bajo la premisa de que “para hacer negocios se necesita el beneplácito de la publicidad”, nos encontramos a unos medios cuyas principales fuentes de ingresos vienen de los anunciantes. Las empresas informativas no se pagan solas, claro que no. Este dato es frecuentemente olvidado por las audiencias pero está constantemente presente en la mente tanto de los dueños como de los trabajadores de medios informativos: sin publicidad no hay dinero, aunque se atiborren de espectadores. Son los que les dan de comer.

Incluso en los canales, periódicos y emisoras con ingresos por suscripción, la publicidad está presente y, en menor medida, también acapara protagonismo en la lista de ingresos de las balanzas de pagos. Y esto ya no sólo incluye omitir noticias que puedan perjudicar a los anunciantes: también se realizan noticias que perjudican a los que no se anuncian. Para que todo suene bien en esta macabra orquesta, los medios tienen que incluir mensajes sobre la cultura del consumismo para facilitar la disposición de compra y que así esas empresas sigan teniendo dinero para invertir en campañas. Nada de programitas hippies o de manualidades hechas por chicos con rastas. Y la rueda gira y gira.


Las fuentes

Para elaborar cualquier información, es fundamental la consulta de fuentes. Y a las fuentes hay que tratarlas bien, porque como no quieran seguir proporcionándote información, se cierra el grifo y adiós noticias. En este escenario, existe una necesidad prácticamente funcional de los gabinetes de prensa, tanto de empresas como de instituciones públicas, y en la inmensa mayoría de las ocasiones se tratan los datos que ofrecen estas oficinas como dogma inquebrantable y es muy poco frecuente que esas informaciones se contrasten.

Pero las fuentes, además de esos gabinetes que se encargan de darles las noticias hechas a los periodistas, también se componen de los expertos. Aquí es el medio de comunicación el que tiene la opción fugaz de elegirlos, y esa selección se hace a partir de la información que al medio le interese contar. Si por ejemplo se elabora una noticia sobre la crisis en la que se quiere contar que los culpables son los responsables del antiguo gobierno de Aznar, el periodista incluirá en su información declaraciones de personas que públicamente se hayan pronunciado a favor de este argumento. Por supuesto, esos expertos tampoco disentirán del sistema ni lo cuestionarán. Y todos contentos.

Los correctivos

Este es el filtro que funciona cuando los otros no lo hacen. Es como una especie de ‘mano invisible’ de Adam Smith pero aplicada a la prensa: cuando un medio de comunicación sigue una línea no deseada para los poderes fácticos, existen unos mecanismos que se ponen a funcionar para ejercer presión por distintos frentes, corrigiendo esa actuación.

Puede ser presión social (con la pérdida de espectadores o consumidores), presión económica (donde los anunciantes huyen del patrocinio del espacio o medio) o directamente la presión política (ejercida mediante reuniones o comunicaciones entre políticos y propietarios de medios a los que se le advierte de las consecuencias de seguir esa línea editorial). Este filtro se puede plantear como la influencia del poder hegemónico.

El anticomunismo

La actual cultura occidental está tan embadurnada con esta idea que es probable que sorprenda la tipificación de este filtro por ser tan evidente. Como se ha explicado en el inicio de esta entrada, después de la caída de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, Estados Unidos tuvo y sigue teniendo barra libre para ejercer su control sobre el mundo. Entre ellos está el del poder cultural, el de las ideas, resumidas en ‘Estados Unidos es igual a democracia’, ‘el capitalismo es bueno’ , y ‘el comunismo es malo, malísimo’.

Así, la historia que se ha escrito de este movimiento todavía vigente en algunos países condenados a ser reductos anecdóticos, se ha basado en calificar las víctimas dignas (las que luchaban a favor del capitalismo) e indignas (las que luchaban por el comunismo). Además, la idea del anticomunismo se ha ido asociando poco a poco a las ideas de patriotismo y democracia, actualizándose con las críticas sobre los sistemas políticos por los que actualmente rigen países como Corea del Norte o Cuba. A través de este filtro, los medios hacen un ejercicio de amnesia al no recordar el actual milagro económico de un país comunista como China y al olvidarse también de que los países del tercer mundo son, en su inmensa mayoría, capitalistas.

Y aquí termina esta lista. Una especie de ‘Constitución’ de la información compuesta por estos cinco puntos a modo de ‘Principios Fundamentales’ o leyes inquebrantables. De forma evidente, los medios de comunicación españoles también están condicionados por estos filtros, como país establecido en la cultura occidental como es España. A eso hay que añadir los que tiene la propia nación; a esos, los del propio medio; y a todos esos, los del periodista. Y tras pasar todos esos filtros, ¿qué queda para informar? Muy sencillo: lo que tenemos.

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