crímenes

Alcàsser: los misterios de un caso que continúa abierto 23 años después

Desde que aquel viernes 13 de noviembre de 1992 desaparecieran las adolescentes Miriam, Antonia y Desirée del municipio valenciano de Alcàsser, los medios de comunicación hicieron testigo a toda la sociedad española de cómo se iban sucediendo los acontecimientos y sobre el avance de la investigación de un caso que hoy, más de veinte años después, sigue sin estar resuelto. Hoy, puesto en libertad el único acusado que acabó entre rejas, Miguel Ricart, el debate sobre lo que verdaderamente ocurrió aquellos fatídicos días vuelve a abrirse.

La versión oficial defiende que los hechos acaecieron de esta forma:

1.- Las tres adolescentes, que tenían la intención de asistir ese viernes a la fiesta de una discoteca cercana a su localidad, se subieron en un coche haciendo autostop cuyo conductor tenía la intención de acercarles hasta ese sitio. Ese vehículo sufre un problema durante el trayecto y las chicas se quedan en una gasolinera a espera de que otro conductor las dirija hasta el local.

2.- Según una testigo que divisaba todo desde su balcón, las niñas se meten en un coche en el que ya se encontraban cuatro personas y éste se marcha de la gasolinera con las jóvenes dentro. Nada más se supo de ellas: ni fueron a la discoteca ni tampoco volvieron a sus casas.

3.- El caso salta a los medios de comunicación y la búsqueda se convierte en un asunto de Estado. La Guardia Civil registra miles de llamadas con supuestas pistas para encontrar a las niñas, pero ninguna es resolutoria. Cabe destacar el papel de buitres que cumplieron muchos supuestos videntes con la intención de extorsionar a las familias. La alarma social y el apoyo que se ofrece para la búsqueda son tan grandes que se pide ayuda a otros países para que colaboren en la búsqueda. Así transcurren 75 largos días cargados de tensión y desesperanza mientras crecen las especulaciones: se barajaron las posibilidades de una fuga voluntaria y de un secuestro que no llegaba a su fin, pero nada era concluyente.

4.- El día 27 de enero de 1993, dos apicultores encontraron unos cuerpos semienterrados en una zona rural de difícil acceso. Tras comprobar que los cuerpos correspondían a las tres niñas desaparecidas y al haber encontrado cerca un papel hecho pedazos que resultó ser un volante médico que inculpaba a un tal Antonio Anglés, se procedió a su detención y a la de Miguel Ricart, su supuesto compañero de aventuras criminales. Las autopsias revelaron que las niñas fueron torturadas, mutiladas, violadas y asesinadas de un disparo en la cabeza. Miriam y Desirée tenían catorce años. Toñi, quince.

5.- Anglés se dio a la fuga y el único condenado, en calidad de colaborador, fue Ricart. Más de dos décadas después, Miguel acaba de salir de prisión por la abolición de la retroactividad de la doctrina Parot y Antonio sigue en paradero desconocido, a pesar de que se ha especulado sobre su posible fallecimiento tras intentar huir en un barco que tomó en la costa portuguesa.

Lo más suave que se puede decir de esta historia es que resulta difícil de creer.

Mientras, los medios de comunicación continuaron con su papel de hacerle llegar a la población todos los datos, tanto que se sobrepasaron los límites éticos en muchas ocasiones. De hecho, algunos expertos ubican el nacimiento de la telebasura española en los programas de la época que hacían monográficos sobre los crímenes de Alcásser.

¿Qué es lo que no cuadra en esta versión de los hechos?

-Según los forenses, los cuerpos presentaban una descomposición impropia del terreno calizo donde fueron encontrados. Tenían signos de haber estado sumergidos en agua durante largo tiempo. Además, los colmeneros encontraron los restos porque la mano y el antebrazo de una de las chicas sobresalía del terreno. ¿De verdad un asesino con la sangre tan fría iba a ser tan inepto de no dejar bien sumergidos los cuerpos en la tierra para que fueran descubiertos por el primero que pasara por allí?

-Las autopsias también descubrieron que en los restos humanos de las niñas se encontraron vellos púbicos de hasta ocho personas diferentes, y sus ADN’s nunca coincidieron con los de Antonio o Miguel.

-Los testimonios de personas cercanas a Antonio Anglés y un informe confidencial de la Guardia Civil adscrito al sumario concluyen que el supuesto asesino era homosexual. ¿Un homosexual secuestraría a tres niñas para violarlas?

Ricart y Anglés eran delincuentes comunes. Atracos a bancos, hurtos, robos de coches… hábitos delictivos que absolutamente nada tenían que ver con torturas, asesinatos, sadismo o violaciones. Cualquier psicólogo o psiquiatra afirmaría que es imposible volverse así de un día para otro.

-Anglés huyó de su casa el mismo día que la Guardia Civil fue a por él, y más de dos décadas después sigue sin saberse nada de su paradero. ¿Es posible que un delincuente de poca monta, sin ningún recurso y sin un duro, pueda huír del país y esconderse de la interpol, por la que sigue buscado, durante tantísimo tiempo?

Existen dos elementos fundamentales que pretenden arrojar algo de luz a las tantísimas sombras de este caso. Ambos silenciados:

La versión de Juan Ignacio Blanco

La versión del periodista de investigación Juan Ignacio Blanco, que siguió de cerca el caso al lado del padre de Miriam.

En sus numerosas apariciones mediáticas, la última en el programa del 30 de noviembre de 2013 en “Milenio 3” de la Cadena Ser (a partir del minuto 24), ha aludido siempre a las pruebas que ya hemos comentado, y que contradicen absolutamente la posible culpabilidad de Miguel y Antonio: la sentencia concluyó que “no existía ninguna prueba biológica en contra de los acusados”.

También alude a las lesiones post mortem de las jóvenes: se supone que, a pie de fosa, Anglés y Ricart les pegaron un tiro y allí las dejaron caer, para después cubrirlas de tierra, hasta que fueron encontradas. Sin embargo, los informes forenses demuestran que las niñas sufrieron penetraciones peneanas y con objetos una vez muertas, algo que además demostraría que ni Miguel ni Antonio podrían haberlo hecho, ya que realizar actos necrofílicos con cadáveres no es algo que pueda realizar cualquier persona sin antecedentes graves de salud mental.

Blanco pone de manifiesto, además, la ausencia en los cadáveres de algunos dientes, uñas y la amputación de pechos y manos, partes que nunca aparecieron, y que demuestra el nivel de dolor y de torturas a las que fueron sometidas. Algo demasiado retorcido y sádico y que cualquier psiquiatra forense puede saber que de ello no hubieran sido capaces los dos hombres acusados. También se encontró una cruz de caravaca con una cadena incrustrada en la cuarta vértebra lumbar de uno de los cadáveres y que no pertenecía a ninguna de las niñas.

Y la gran bomba que tiene guardada el investigador son unos vídeos remitidos por una persona que habría participado en los crímenes y que llegaron hasta él por intermediación del cura de Alcàsser: “en mi poder tengo más de una grabación y en su día las entregué en el ministerio del Interior. La más importante de las que hay es una filmación en la que está sobre una camilla el cuerpo de una de las niñas y van pasando personas por delante en una especie de fila como cuando alguien va a un velatorio. Aparece una serie de personas que entran por una zona de la escena, dan la vuelta a la camilla y salen por el otro lado”. Esos vídeos habrían sido filmados como forma de silenciar a los que participaron en los crímenes, un método muy común en sectas y bandas callejeras. “Si esos vídeos no los saco a la luz es porque quiero seguir viviendo tranquilo con mi familia”. De hecho, Blanco llegó a afirmar que unos hombres mantuvieron secuestrada a su esposa para advertirle de las peligrosas consecuencias que sufrirían el periodista y su familia si Juan Ignacio seguía hablando por televisión.

Junto al vídeo, el cura le entregó a Juan Ignacio una nota con la identidad de los supuestos culpables, que también coincidían con los nombres que se les facilitaron a Blanco y a García desde el ministerio del Interior como “personas que estaban siendo investigadas” por el caso. El trozo de papel manuscrito, según declaró Blanco la noche del 29 de enero de 1997 en el programa de Telecinco “Esta noche cruzamos el Mississippi”, apuntaba a las siguientes personas:

1.- Alfonso Calvé. Médico psiquiatra, exgobernador civil de Alicante por el PSOE. Habría sido, supuestamente, el responsable de la trama.

2.- Luis Solana Madariaga. Exdirector de RTVE y de Telefónica, diputado del PSOE por Segovia y miembro de la Comisión Trilateral. Hermano de Javier Solana, exdirector general de la OTAN.

3.- Jose Luis Bermúdez de Castro, importante productor de cine.

4.- Francisco Laína, secretario de Estado para la Seguridad (1981-1982). Un personaje que en los medios escritos ha sido relacionado habitualmente con el 23-F, los GAL y con la rama española de la Red Gladio de la OTAN.

Algún tiempo después, el investigador afirmaría que ellos no serían los responsables directos de los crímenes, pero sí tendrían mucho que ver. Podría tratarse de un cebo para que estas cuatro personas, salpicadas por este y/o otros casos, ejercieran presión desde sus posiciones para que el asunto concluyera a favor de los intereses que se escondían detrás del móvil de los asesinatos.

Juan Ignacio continúa: “por supuesto que se han producido más casos como éste. Es algo real y demostrable. Lo que tuvo el caso de las niñas fue la repercusión mediática, que la estuvieron buscando intencionadamente. Se realizaron muchos intentos con anterioridad, pero no tuvieron esa notoriedad para que el objeto que ellos tenían en su poder pudiera ser un objeto de chantaje importante”. Aquí probablemente se refiera al caso Macastre, donde unos niños fueron encontrados muertos y mutilados por la misma zona tres años antes de los crímenes de Alcàsser.

Blanco afirma que  si esas niñas no hubieran salido tanto en la tele, al Estado le hubiera dado exactamente igual si aparecen o no aparecen. Tenemos una media de tres asesinatos diarios en España y no salen en las secciones de sucesos, salvo casos muy concretos como éste o el de Marta del Castillo. Estas personas siguen matando y matarán cada vez que lo necesiten“.

Su hipótesis es que “por intereses concretos de unas personas concretas muy importantes, se encarga a un grupo de delincuentes el secuestro de estas tres niñas. Las mantienen vivas durante algún tiempo, en el que estas personas llegan a plantear chantajes al Estado. Finalmente, tras llegar a determinados acuerdos, los cadáveres aparecen en un lugar determinado junto con los culpables, uno de ellos ya muerto”. Añade para redondear su conclusión: “hay que saber fundamentalmente que el móvil de este caso no fue un móvil sexual: el móvil de Alcàsser fue un móvil de poder“.

Algunos años después de los hechos, Juan Ignacio Blanco publicaría un libro titulado ¿Qué pasó en Alcàsser?”, en el que sacaba a la luz datos bastante inquietantes sobre este caso, incluyendo detallados y numerosos documentos judiciales. Por este último motivo, la madre de Desirée denunciaría al escritor por utilizar imágenes de su hija sin su consentimiento y un juez ordenaría el secuestro de la publicación. Hoy en día, el libro está disponible en internet.

La carta de AR, ‘Garganta Profunda’ del crimen de Alcàsser

El que se ha considerado el “Garganta profunda” de este caso, que se hace conocer con las iniciales de “AR”, trabajaba para las Fuerzas y Seguridad del Estado durante los juicios e investigaciones de los crímenes. Después de algunos años, se atrevió a mandar una carta al padre de Miriam, Fernando García, y a Juan Ignacio Blanco, y posteriormente la filtró en internet. El documento contiene datos demoledores sobre los modus operandi a los que en aquella ocasión habrían procedido los servicios de inteligencia españoles. A modo de resumen, podemos destacar las siguientes afirmaciones del exfuncionario:

-Tras algunas negociaciones, un telefonazo al ministerio del Interior informa de la localización exacta de los cuerpos, que era un medio acuoso. Después, técnicos estatales guardan los cadáveres en bolsas hasta que deciden organizar el montaje del descubrimiento de los apicultores con los culpables Anglés y Ricart, “unos robaperas que nos hicieron de cabezas de turco”. Supuestamente, éstos vendieron su libertad a cambio de altísimas sumas de dinero.

-Los colmeneros aceptaron iniciar el “teatro” a cambio de una generosa cantidad económica. Los objetos personales de Anglés que se encontraron en el lugar y que fueron la causa de su inculpación fueron cedidos por Neusa, su madre, que también estuvo untada desde el principio.

Miguel Ricart fue sobornado con dinero de los fondos reservados para autoinculparse. Éste, durante el juicio, se contradijo a veces diciendo que era inocente y a veces diciendo que era culpable. La razón sería que estaría intentando con eso negociar cifras más elevadas. Ahora mismo, Ricart tendría una cuenta en Suiza cargada de millones de euros y de los que ya podría estar disfrutando.

A Antonio Anglés se le facilitó la huida del país con una identidad nueva y una apariencia física absolutamente cambiada, además de una sustanciosa suma de dinero mensual. Tendría prohibido volver al país bajo amenaza de muerte. Su familia, a cambio de mantenerse callada, ya que es conocedora de toda la verdad, recibiría una cantidad que rondaría los 6000 euros al mes cobrados en cuentas españolas.

La lista de datos continúa y es, desde luego, un documento con un alto grado de credibilidad por la cantidad de detalles que tienen las informaciones, incluyendo fechas e incluso nombres y apellidos. Su estructura narrativa y afirmaciones son coherentes, a diferencia de la versión oficial.

Lo cierto es que, dos décadas después, el caso sigue abierto y las familias de las niñas mantienen sus justificables dudas sobre lo que sucedió realmente.  ¿Quién lo hizo? Y, lo más importante, ¿por qué lo hizo?

***

Anexo: actualización del día 4 de diciembre de 2013

Como ya comentamos en el texto que precede a esta actualización, Miguel Ricart fue puesto en libertad el día 29 de noviembre de 2013 por la abolición de la retroactividad de la doctrina Parot.

Ese mismo día, el programa “Espejo Público” de Antena 3 anuncia a bombo y platillo que el lunes emitirá una entrevista al único condenado por los crímenes de Alcàsser y ofrece un adelanto en el que Ricart afirma: “Yo fui una puta cabeza de turco. Lo que le hicieron a esas niñas no tiene perdón de dios”. La exclusiva parece tener tanta relevancia que ese avance de la entrevista se llegó a publicitar durante los informativos del fin de semana. A su vez Cuarzo, la productora del programa de Telecinco “El programa de Ana Rosa”, se pondría en contacto con el recién puesto en libertad para ofrecerle salir en el plató del programa estrella de las mañanas de Mediaset.

Llega el lunes y en el programa de Atresmedia no sólo no se emite la entrevista, sino que además ni siquiera se hace alusión al excarcelado durante el espacio televisivo. La cadena del grupo Planeta comunicó, ese mismo día, que la entrevista no se iba a emitir “por razones de estilo editorial”. De hecho, la web del canal de televisión borra el vídeo con el avance de las declaraciones.

Sin embargo, en noviembre del año anterior parece que el mismo programa –con la misma línea editorial– no tuvo absolutamente ningún problema en emitir una entrevista telefónica grabada a Miguel desde la cárcel. Parece ser que la diferencia entre la entrevista emitida en 2012 y la que luego fue censurada es que, en la primera, Ricart sólo amenazaba con desvelar  información muy importante y esclarecedora –pero sin desvelar nada–, y en la segunda ya daría algún dato incómodo.

Las redes sociales enloquecen tras este anuncio y se corre un bulo por twitter y por whatsapp en el que se afirma que Miguel Ricart iba a acudir físicamente a un programa de esa misma cadena. Finalmente, Antena 3 dice que alguien, de forma intencionada, inventó y propagó ese bulo para perjudicar su imagen y pone el asunto en manos del ministerio del Interior.

Por su parte, la dirección de Telecinco prohíbe difundir declaraciones de Ricart a las productoras y programas que se emiten en sus canales. Se especula con que Mediaset estaría temeroso de que un nuevo complot acabe con alguno de sus espacios, como ya pasó con “La Noria” por invitar a plató y entrevistar a la madre de uno de los acusados en el crimen de Marta del Castillo.

“Línea editorial”… “temor a perder anunciantes”… Por hache o por be, parece que sigue presente la censura ante las informaciones que no suscriban la versión oficial.

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¿Qué sucedió con ‘Quién sabe dónde’?

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Resulta curioso que precisamente un programa de televisión que se dedicaba a denunciar casos de desaparición (y a resolver la inmensa mayoría de ellos), desapareciera fulminantemente y que todavía hoy, más de 15 años después, sigan sin saberse claramente los motivos.

El programa ‘Quién sabe dónde’, el gran precedente del ‘info-show’ o de la ‘telerrealidad’ en España, era un espacio que se emitía en la primera de Televisión Española en el que se mostraban casos de desapariciones, incluyendo testimonios de familiares y testigos. Su misión consistía en pedir ayuda a los telespectadores para determinar el paradero de esas personas. La enorme cantidad de audiencia que generaba y la conmoción que producía en la por entonces sociedad española fueron las razones por las que mucha gente colaboraba activamente con las búsquedas. Al finalizar, pudo presumir honradamente de haber resuelto el 70% de los casi tres mil casos que allí fueron denunciados.

El espacio, presentado primero por Ernesto Sáenz de Buruaga y después por Paco Lobatón, permaneció la friolera de 6 años en antena. Se emitió desde 1992 hasta 1998, sostenido por una audiencia enorme que lo mantuvo hasta el final de sus días. Los temas que se trataban eran diversos: desde desapariciones de niños o ancianos hasta crímenes de gran relevancia mediática. Según numerosos analistas y profesionales de la televisión, su cese de las pantallas vino motivado precisamente por denunciar un caso de gran interés social.

Hagamos memoria: en el año 1998 ya gobernaba en España -y, por tanto, controlaba RTVE- el gobierno de José María Aznar. ‘Quién sabe dónde’ se seguía emitiendo con normalidad desde la entrada del Partido Popular en el año 1996, pero hubo un hecho que hizo revolver estómagos en los despachos del ente público: Paco Lobatón se atrevió a destapar el caso de los niños robados en España.

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Aunque hoy en día estemos acostumbrados a conocer casi semanalmente nuevos datos sobre el entramado, en los años noventa no existía una tecnología de la información capaz de poder unir y hacer una voz común para los cientos de miles de afectados. Recordemos que el asunto ya se dio a conocer en la revista ‘Interviú’ y en el diario ‘El País’ a principios de los años ochenta, pero por entonces se silenció toda la información proporcionada por estas publicaciones. El tema se mantuvo bajo secreto. Como se ha sabido últimamente, la red criminal de tráfico de niños estaba muy vinculada al Opus Dei, organización perteneciente a la iglesia católica y que tenía como miembros a algunos de los médicos y de religiosos que operaban en esta trama.

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Y… ¡bingo! El Partido Popular y el Opus Dei son organizaciones con una relación muy estrecha. Aunque nunca se ha confirmado la membresía del expresidente del gobierno a la obra, sí que son numerosos los altos cargos del partido que pertenecen a la organización. Por supuesto, había que defender a los suyos. El presentador explicó en una entrevista concedida hace cinco años que “lo que ocurrió en el 98 fue que cometí la ingenuidad de no percatarme del cambio político y al entrar el PP no permitieron la vuelta del programa”.

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La versión oficial sobre el cierre del espacio explica que fue imposible llegar a un acuerdo para la renovación de la temporada siguiente. Desde entonces, el presentador y periodista Paco Lobatón fue relegado a un segundo plano y estuvo presentando programas de entretenimiento de audiencia discreta y de contenidos banales.

Ahora, teniendo el caso de los niños robados encima de la mesa con numerosos testigos, asociaciones, víctimas y acusados con nombres y apellidos, Lobatón ha vuelto a la televisión para participar en los debates que tratan el asunto. En ellos no ha explicado nada sobre el cierre de su antiguo espacio, pero sí que ha dicho explícitamente que existe una relación entre el tráfico ilegal de bebés y el Opus Dei.

Lobatón, por su parte, anunció en 2008 que está intentando volver a hacer ‘Quién sabe dónde’ para emitirlo en la actual parrilla televisiva.

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