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Cómo se fabrican los casos mediáticos


Si ahora mismo nos preguntan acerca de los casos mediáticos que conocemos, la mayoría mencionaríamos el de Marta del Castillo, Malaya, Gürtel, Mariluz, Asunta, Bárcenas, Urdangarin… efectivamente, son los que han tenido historias cuyos acontecimientos se han ido contando detalladamente en todos los medios de comunicación importantes. Muchos podrán pensar que todos los que salen en la prensa son los que ocurren, que los demás no tienen importancia. Pero tengamos en cuenta este dato: en España hay tres asesinatos diarios.

¿Cómo es posible, pues, que conozcamos tan pocos? Existen muchos condicionantes. De hecho, cada caso es único y tiene su idiosincrasia. Pero también es cierto que los periodistas no trabajan en las comisarías ni en los cuarteles y no pueden conocer el cien por cien de los hechos que acontecen y que podrían ser noticiosos.

A continuación, pasamos a detallar los motivos por los que un caso puede convertirse en mediático:

 


Casos que afectan a personas relevantes

A los personajes importantes, ya sean políticos o simplemente celebridades, les tienen vigilados toda una legión de periodistas que se encargan ya no sólo de dar a conocer los actos públicos en os que aparecen, sino de forjarse toda una red de contactos en la que se incluyen personas de su entorno y que pueden contar jugosos off the record o directamente on the record. Desde que se va a comprar una chaqueta al centro de Madrid hasta su implicación en un caso de corrupción: todo es susceptible de convertirse en noticia. Es lo que se puede denominar el star system de las noticias.

 


Casos cuyos protagonistas han avisado a los periodistas

Los protagonistas de estas historias son personas anónimas que quieren hacer pública su situación poniéndose en contacto directamente con los medios de comunicación para que colaboren en la difusión de su mensaje: puede ser desde denunciar hechos injustos hasta una desaparición, un hallazgo de algo importante que puede inculpar a terceros, etc. Cabe destacar que en las redacciones se reciben muchas llamadas de personas o avisos de gabinetes de prensa que recurren a los medios como opción ante una situación de desesperación o simplemente de personas o instituciones que quieren darse a conocer con alguna excusa.

 


Casos que se filtran a los medios sin la voluntad de los protagonistas

Aquí es donde funciona el periodismo de verdad: los profesionales que investigan, que buscan la noticia y que la hacen pública a pesar de las adversidades. Sobre todo en las clases sociales altas, los medios de comunicación  no están considerados elementos a tener en cuenta, y por eso se suelen evitar en la medida de lo posible. Sólo hay que fijarse en la clase social de las personas invitadas a los programas de testimonios o que participan en concursos televisivos de cualquier índole. También existen sujetos no pudientes que miran con recelo a los periodistas como un factor negativo, como amplificadores de una situación o una identidad que consideran preferible mantener en el anonimato. Estos casos salen a la luz casos mediante off the records, avisos del entorno o como resultado de una investigación periodística. Cabe destacar que en España prácticamente no existe ningún caso de estas características porque funcionan muy bien los filtros de la información.

Casos que no pasan los filtros de la información

Ya explicamos en una entrada anterior que están establecidos unos filtros de la información que determinan si esos hechos pueden convertirse en noticia o no. Aquí meteríamos el resto de los casos susceptibles de convertirse en noticia, que no se dan porque no encajan en ninguno de los apartados o porque se encuentran como barrera alguno de los filtros (propiedad, publicidad, fuentes, correctivos y anticomunismo). Todo lo que no aperece en la televisión, las radios o los periódicos es debido a que a los periodistas no les ha llegado esa información o porque directamente no pueden difundirlas en función de infinidad de intereses y condicionantes.

Es necesario terminar este texto invitando a denunciar a los medios de comunicación cualquier hecho noticiable o denunciable, después por supuesto de haberlo hecho ante las autoridades. La mayoría de la gente puede informar de forma ágil y sin gastar demasiado tiempo en la búsqueda de la forma de contacto con la inmensa mayoría de los medios de comunicación. De hecho, muchos de ellos dan la brasa constantemente invitando a que se denuncien los casos en sus programas.

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Los filtros mundiales de la información: lo prohibido para los periodistas


Aunque este blog trate temas sobre censura en medios de comunicación españoles, es necesario apuntar que estos mismos se rigen, a su vez, por unos condicionantes que funcionan de forma hegemónica sobre prácticamente todo el globo terráqueo.

Después de la caída del comunismo soviético, nos quedó una única potencia mudial que dirige el mundo a efectos prácticos: Estados Unidos. No sólo es el gran dictador a nivel económico: desde el ala oeste de la Casa Blanca (lugar donde se encuentra la oficina de prensa del Presidente) y el Pentágono (edificio donde se encuentran las oficinas de dirección de la defensa estadounidense) saben muy bien que la información, en la mayoría de las veces, es mucho más poderosa que cualquier arma militar.


Y ese poder que se quedó tras la Guerra Fría, la superpotencia del Tío Sam, también actúa como una especie de censor sobre los datos y los temas con los que se elaboran las noticias. En realidad funciona como un sistema de autocensura de los propios medios (mesoestructura comunicativa) y los profesionales de la información (microestructura). Todos saben muy bien que cualquier duda que se siembre a través de los medios para perjudicar a la cultura establecida será calificada por los demás como ataques, mentiras o conspiraciones provenientes de grupos antisistema: o estás conmigo, o estás contra mí.

En estos momentos, son cinco los filtros de información que existen para elaborar las noticias en las sociedades desarrolladas y en medios con una audiencia relevante:


La propiedad

Es evidente que no se va a publicar ninguna noticia que perjudique a los propietarios de esos medios, que a su vez suelen tener intereses en otras empresas, sean o no de comunicación, y más ahora en el actual panorama en el que existen tantísimas concentraciones e interconexiones a nivel accionarial. En este mismo blog hemos puesto ejemplos concretos sobre la existencia de este filtro, como la entrada sobre los bancos que acaparan propiedad de medios informativos o la que se refería a las noticias sobre ellos mismos.


La publicidad

Bajo la premisa de que “para hacer negocios se necesita el beneplácito de la publicidad”, nos encontramos a unos medios cuyas principales fuentes de ingresos vienen de los anunciantes. Las empresas informativas no se pagan solas, claro que no. Este dato es frecuentemente olvidado por las audiencias pero está constantemente presente en la mente tanto de los dueños como de los trabajadores de medios informativos: sin publicidad no hay dinero, aunque se atiborren de espectadores. Son los que les dan de comer.

Incluso en los canales, periódicos y emisoras con ingresos por suscripción, la publicidad está presente y, en menor medida, también acapara protagonismo en la lista de ingresos de las balanzas de pagos. Y esto ya no sólo incluye omitir noticias que puedan perjudicar a los anunciantes: también se realizan noticias que perjudican a los que no se anuncian. Para que todo suene bien en esta macabra orquesta, los medios tienen que incluir mensajes sobre la cultura del consumismo para facilitar la disposición de compra y que así esas empresas sigan teniendo dinero para invertir en campañas. Nada de programitas hippies o de manualidades hechas por chicos con rastas. Y la rueda gira y gira.


Las fuentes

Para elaborar cualquier información, es fundamental la consulta de fuentes. Y a las fuentes hay que tratarlas bien, porque como no quieran seguir proporcionándote información, se cierra el grifo y adiós noticias. En este escenario, existe una necesidad prácticamente funcional de los gabinetes de prensa, tanto de empresas como de instituciones públicas, y en la inmensa mayoría de las ocasiones se tratan los datos que ofrecen estas oficinas como dogma inquebrantable y es muy poco frecuente que esas informaciones se contrasten.

Pero las fuentes, además de esos gabinetes que se encargan de darles las noticias hechas a los periodistas, también se componen de los expertos. Aquí es el medio de comunicación el que tiene la opción fugaz de elegirlos, y esa selección se hace a partir de la información que al medio le interese contar. Si por ejemplo se elabora una noticia sobre la crisis en la que se quiere contar que los culpables son los responsables del antiguo gobierno de Aznar, el periodista incluirá en su información declaraciones de personas que públicamente se hayan pronunciado a favor de este argumento. Por supuesto, esos expertos tampoco disentirán del sistema ni lo cuestionarán. Y todos contentos.

Los correctivos

Este es el filtro que funciona cuando los otros no lo hacen. Es como una especie de ‘mano invisible’ de Adam Smith pero aplicada a la prensa: cuando un medio de comunicación sigue una línea no deseada para los poderes fácticos, existen unos mecanismos que se ponen a funcionar para ejercer presión por distintos frentes, corrigiendo esa actuación.

Puede ser presión social (con la pérdida de espectadores o consumidores), presión económica (donde los anunciantes huyen del patrocinio del espacio o medio) o directamente la presión política (ejercida mediante reuniones o comunicaciones entre políticos y propietarios de medios a los que se le advierte de las consecuencias de seguir esa línea editorial). Este filtro se puede plantear como la influencia del poder hegemónico.

El anticomunismo

La actual cultura occidental está tan embadurnada con esta idea que es probable que sorprenda la tipificación de este filtro por ser tan evidente. Como se ha explicado en el inicio de esta entrada, después de la caída de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, Estados Unidos tuvo y sigue teniendo barra libre para ejercer su control sobre el mundo. Entre ellos está el del poder cultural, el de las ideas, resumidas en ‘Estados Unidos es igual a democracia’, ‘el capitalismo es bueno’ , y ‘el comunismo es malo, malísimo’.

Así, la historia que se ha escrito de este movimiento todavía vigente en algunos países condenados a ser reductos anecdóticos, se ha basado en calificar las víctimas dignas (las que luchaban a favor del capitalismo) e indignas (las que luchaban por el comunismo). Además, la idea del anticomunismo se ha ido asociando poco a poco a las ideas de patriotismo y democracia, actualizándose con las críticas sobre los sistemas políticos por los que actualmente rigen países como Corea del Norte o Cuba. A través de este filtro, los medios hacen un ejercicio de amnesia al no recordar el actual milagro económico de un país comunista como China y al olvidarse también de que los países del tercer mundo son, en su inmensa mayoría, capitalistas.

Y aquí termina esta lista. Una especie de ‘Constitución’ de la información compuesta por estos cinco puntos a modo de ‘Principios Fundamentales’ o leyes inquebrantables. De forma evidente, los medios de comunicación españoles también están condicionados por estos filtros, como país establecido en la cultura occidental como es España. A eso hay que añadir los que tiene la propia nación; a esos, los del propio medio; y a todos esos, los del periodista. Y tras pasar todos esos filtros, ¿qué queda para informar? Muy sencillo: lo que tenemos.

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Los libros más incómodos para el Estado español


Al mismo tiempo que numerosos personajes televisivos editan libros sin parar de dudoso gusto y calidad (eso contando con que lo escriban ellos y no sea un encargo), existen infinidad de libros que, a pesar de la importancia de la información que contienen, son silenciados o intencionadamente poco promocionados porque descubren las vergüenzas de las altas capas del organigrama en el poder del Estado español. La mayoría de ellos pueden encontrarse sin demasiada dificultad, pero las personas que acceden a su contenido han tenido que saber de ellos porque han investigado para saber de su existencia.

Libros que cambiarían la Historia; libros que removerían a la opinión pública; libros que contienen datos incontestables y muy comprometedores; libros que son auténticas bombas para la reputación de muchos altos cargos… las razones por las que los libros son relegados a ser difundidos en círculos muy cerrados responden a que los poderosos quieren seguir manteniendo el sistema que les hace poderosos.

Para este artículo se han seleccionado cinco libros en función de la relación entre la importancia de los contenidos con respecto a la promoción que debían de haber tenido. No es una clasificación tipo ranking: cada uno tiene su idiosincrasia, y su relevancia depende de varios factores que se detallan en cada caso:


El negocio de la libert
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En 1999, el periodista Jesús Cacho publicó este libro en el que trata dos temas fundamentales: por un lado, elabora un análisis profundo sobre la gran guerra que hubo entre el por entonces hegemónico grupo Prisa y el gobierno de José María Aznar: Polanco, mandamás del conglomerado de empresas de comunicación, no estaba dispuesto a ver cómo se desmoronaba el imperio que había levantado gracias a Felipe González durante la primera etapa del PSOE; y, por otro lado, pone al descubierto los archidesconocidos negocios del rey Juan Carlos.

Parece que lo poco que había de cierto en sus edulcoradas biografías era que llegó al trono con lo puesto: sin dinero y sin recursos. Así, el ya proclamado rey de España aprovechó su flamante y recién estrenado cargo para empezar a financiarse: “una de las primeras formas conocidas fue el petróleo, las comisiones del crudo que importaba España para cubrir sus necesidades de energía. Nada más ocupar Juan Carlos I el trono a la muerte del dictador, Manuel Prado [y Colón de Carvajal, el hombre de confianza del rey] se dedicó a remitir varias misivas reales a otros tantos monarcas reinantes, especialmente del mundo árabe, para pedirles dinero en nombre del rey de España. Así, Juan Carlos ingresaría sus primeros diez millones de dólares del Sha de Persia que se convertirían en el precedente de todas las turbias relaciones entre el dinero y el poder que estableció desde entonces.


Gaviotas que ensucian su propio nido

He aquí el resultado de largas conversaciones cargadas de confesiones que Carlos Alberto Biendicho, el fundador de la -nunca reconocida por el partido- Plataforma Popular Gay (PPG), mantuvo con los periodistas Fred Molley e Illy Nes. Biendicho, que pretendía asociar de alguna forma a los homosexuales afiliados en el partido conservador, inició una campaña de desprestigio contra el PP cuando anunció, en 2005, que haría lo posible para que no saliera adelante la ley de matrimonio homosexual. Hizo varias apariciones en medios de comunicación muy discretos, y sus declaraciones no tuvieron la repercusión que sin duda merecían.

En el libro, Biendicho no sólo vuelve a afirmar que Mariano Rajoy es homosexual, sino que tira de la manta y saca del armario a más dirigentes populares “documentada y rigurosamente”: Rita Barberá (alcaldesa de Valencia), Luisa Fernanda Rudi (presidenta del gobierno de Aragón) o Miguel Ángel Cortés (diputado del Congreso y exsecretario de Estado en el gobierno de Aznar) son sólo algunos ejemplos de la larga lista de personas del PP de las que Carlos Alberto declaró saber que eran homosexuales.


Un rey golpe a golpe

Puede resultar sugerente su subtítulo “Biografía no autorizada de Juan Carlos de Borbón”, pero es en cada página donde se descubre que realmente el libro no tiene desperdicio. Su autora, Ardi Bertza, se vio obligada a utilizar un pseudónimo para evitar represalias. De hecho, no encontró ninguna editorial para que publicase el libro, y finalmente no tuvo más remedio que recurrir a una casa de libros abertzale para que pudiera existir el formato físico. Muchos críticos advierten que, si este libro tuviera una difusión correcta, la monarquía española tendría los días contados frente a los ciudadanos.

Es la historia de la vida de Juan Carlos con un amplísimo nivel de detalle, a pesar de que no se citan las fuentes por motivos legales. No deja nada en el tintero: el papel del monarca en el 23F, el asesinato de su hermano, los líos de faldas de palacio o incluso su vinculación con los negocios inmobiliarios y el tráfico de armas. Afortunadamente y a pesar de los innumerables problemas que este libro ha tenido para poder llegar al gran público, puede adquirirse gratuitamente a través de internet.


Adiós, Princesa

El primo de la princesa de Asturias, David Rocasolano, publicó en mayo de 2013 este libro en el que relata todas las vivencias junto a Letizia antes y después de ser esposa de Felipe de Borbón y hasta que rompieron su relación. David, que por su profesión de abogado y por su cercano parentesco familiar era el confidente y asesor de su prima para asuntos legales y personales, relata en la publicación la forma en la que la futura reina de España comenzó a despreciar a su entorno familiar y personal a medida que el papel de princesa se le iba subiendo a la cabeza.

Aunque es curioso saber anécdotas y conocer cómo es la familia real en la intimidad, lo verdaderamente importante del libro es la información que aporta sobre el aborto que tuvo Letizia Ortiz antes de casarse con Felipe. Y no es un supuesto porque lo demuestra con documentos. Este hecho invalidaría su boda con el príncipe, ya que haber abortado es motivo de inmediata e irremediable excomulgación. El tema es tan sensible que Zarzuela llegó a pedir a los grandes medios de comunicación que no se tratara el asunto y algunas distribuidoras decidieron vetar la venta del libro en sus comercios. Teniendo en cuenta todos estos obstáculos, el primer título de David Rocasolano ha tenido una cifra de ventas bastante importante y no es difícil encontrarlo en la mayoría de las librerías.


Las alcantarillas del poder

Fernando Rueda, periodista especializado en los cuerpos españoles de inteligencia, publicó en 2011 este libro en el que relata a modo de recopilación “las 100 operaciones de los servicios secretos españoles que marcaron sus últimos 35 años de historia”. Aunque se han alzado algunas voces que ponen en duda la autenticidad de algunos de los asuntos tratados por Rueda, sí es cierto que otros han arrojado luz sobre temas que han permanecido ocultos y convertidos en leyenda a lo largo de décadas.

Modos de espionaje, los GAL, el antiguo CESID, las escuchas a mandatarios extranjeros y los encargos que a los servicios de inteligencia les llegaban desde el gobierno o desde Casa Real son sólo una muestra de todas las cuestiones recogidas en la publicación. Cabe destacar el capítulo dedicado al asunto sobre el papel del CNI en el polémico caso de los vídeos desaparecidos de la casa de la actriz Bárbara Rey y que, según la propia artista, “tienen que ver con una persona muy importante de este país [España]”.

Esta lista de libros podría continuar con muchos más títulos, con decenas y decenas de ellos, pero probablemente estos son los más representativos de un fenómeno que sigue sucediendo en las sociedades modernas y mal llamadas democráticas: el de la censura sutil. La censura sutil es la que se establece cuando no hay censura previa pero sí advertencias antes de sacar algo a la luz: “cuidado con lo que vas a publicar”, “te puedes buscar un problema”, “yo no voy a sacar esto porque mañana me cierran la editorial”… Hay muchas formas de controlar la información. Y los que lo hacen saben muy bien cómo hacerlo.

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