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¿Se publican las noticias cuando son difíciles de creer?


Aparte de los filtros de la comunicación que ya comentamos anteriormente, y que como ya puntualizamos eran los filtros a los que se enfrentaban todos los medios de comunicación masivos con una audiencia relevante sin excepción, existen otros filtros, otros criterios para decidir si una noticia se publica o no se publica. El caso varía ya no sólo en cada medio, sino en algunas ocasiones el criterio es distinto según el programa o cada una de las secciones: todo dependerá de lo que establezca la figura directiva en cada caso.

Pero existe un filtro más o menos común y que tampoco tiene que ver directamente ni con los poderes fácticos ni económicos: el de la credibilidad. De hecho, la imagen que encabeza este texto ya predispone al lector a leerse algo que, de primeras, no está muy dispuesto a creerse.

Muchos teóricos y propietarios de empresas de comunicación saben muy bien que hoy, uno de los mayores activos intangibles (un elemento que genera beneficio a la empresa y que no se puede materializar) de los medios de comunicación, por no decir el mayor, es la verosimilitud. Cuando un medio es creíble, cuando la firma o la marca que acompaña a una información tiene forjado un prestigio que garantiza lo cierto de esa información o la calidad que tiene en el sentido de honor a la verdad, más tiende a ser consumido. Parece evidente.

Pero detengámonos un momento a pensar: si la credibilidad vende por sí misma, ¿qué ocurriría cuando en una redacción se pone sobre la mesa una noticia que es cierta pero que la gente no se la va a creer? El honor a la verdad está presente; que la gente se lo vaya a creer, no.

 

Existen varias razones por las que esta noticia no se publicaría, dependiendo de su contenido, estableciendo la verosimilitud como filtro de información:

-Miedo a hacer el ridículo
El medio teme que sus consumidores no acaben de creerse esa noticia y que, por tanto, piensen automáticamente que se han equivocado al ofrecer los datos. Por tanto, el ridículo vendría como consecuencia de que la gente perciba la inclusión en su medio de esa información como un error garrafal.

-Temor al desprestigio
Si el medio de comunicación tiene cierto prestigio, que comúnmente se consigue a través de la experiencia y de ofrecer contenidos creíbles y de calidad, tendrá muchos más reparos que medios que no tienen ese posicionamiento para publicar noticias que no son creíbles porque tienen mucho más que perder.

-Aislamiento
Cuando una noticia que no ofrece credibilidad se publica en un medio de comunicación, tiene una alta probabilidad de ofrecerla de forma solitaria: es más que probable que los demás medios no la publiquen por las dos razones anteriores: de esta forma, ese medio quedará aislado en su ‘valentía’ por ofrecer una información que, a pesar de lo increíble, está siendo difundida bajo el respaldo de su nombre.

 

También están los casos en los que aparecen publicadas noticias increíbles y que hacen honor a la verdad, pero siempre y cuando se cumplan algunos de estos condicionantes:

-Adecuación a la Agenda Setting
Cuando todos los medios de comunicación publican algo, la noticia entra dentro de lo que se denomina la ‘agenda setting’: una especie de entorno informativo en el que entran y desaparecen temas para extraer de ellos noticias. Si unos hechos se introducen en esta dinámica, si se convierten en un tema recurrente para elaborar noticias, se difundirán por mur increíbles que parezcan. El hecho de que todo el mundo hable de ellas también le otorga un grado importante de credibilidad a pesar de su naturaleza inverosímil.

-Existencia de pruebas accesibles
Si la difusión de esa noticia viene además acompañada de pruebas a las que pueda acceder todo el mundo (fundamentalmente internet, o elementos a los que se tiene libre acceso como el cielo o el agua) la incertidumbre ante la posible o no adecuación a la verdad de esa noticia se reduce considerablemente, otorgando a los consumidores de la información la posibilidad de que comprueben si esos datos son acordes o no a la verdad.

-Ejercicio de la presión social
Muchas veces, una noticia increíble sale a la luz porque un determinado grupo de personas, generalmente importante en volumen y, en algunos casos, importantes en relevancia, inician una campaña de presión a través de medios de comunicación minoritarios y, poco a poco, la presión va llegando hasta las altas capas de las empresas informativas.

Todos estos condicionantes se pueden resumir, en conjunto, como situaciones que aumentan el grado de credibilidad frente a la apariencia de falsedad que en un principio tiene esa noticia inverosímil.

A pesar de que haya algunas noticias que se publiquen, no debería existir ningún filtro informativo con la excusa de la credibilidad ni ningún otro, siempre y cuando las informaciones sean ajustadas a la ética y a la verdad.

Este artículo está publicado bajo licencia Creative Commons

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¿Cómo debería ser el periodismo en un sistema democrático?


Hay que matizar, en primer lugar, que la democracia tal como la conocemos hoy es una perversión y una distorsión del verdadero concepto clásico, traducido como ‘el gobierno del pueblo’: en España, ahora mismo lo que hay es una democracia pero con muchos apellidos: indirecta, monárquica y parlamentaria. Cada uno de esos apellidos le resta espacio a los ciudadanos para ejercer correctamente su poder dentro de un sistema político con tal denominación.

Y en segundo lugar, hay que advertir que cualquier sistema social está condicionado de forma absoluta por su sistema económico: España, como tantos otros, es un país capitalista, y el capitalismo se basa precisamente en la desigualdad, en la riqueza y en la pobreza, en el que gana y en el que pierde. Si a esto le sumamos los apellidos que hemos detallado antes, el poder del pueblo queda prácticamente reducido a la nada. Todo es pura retórica.

 

Dejando atrás los matices de lo que hoy conocemos como ‘democracia’, pasaremos a ver los puntos clave para determinar el ámbito de actuación de las empresas informativas en un sistema democrático occidental:

-En primer lugar, hay que deternese también en la idea de ‘empresa’ como parte del concepto ‘empresa informativa’: según las épocas, dentro de la empresa se ha realizado una actividad u otra y también ha prevalecido una forma jurídica sobre otra. La empresa, como organización, también varía según sea el contexto cultural e ideológico en que se desarrolla. Esto lleva a la empresa a un mayor o menor grado de libertad. En una democracia hay limitaciones al igual que en una dictadura, por lo que la empresa se manifiesta de una forma diferente según el sistema político en el que se encuentra.

-Sin libertad, no hay auténtica empresa y mucho menos si ésta es informativa. Si eliminamos el dinamismo empresarial, eliminamos la condición básica que tiene el empresario para formar una empresa. Según ese grado de libertad nos encontramos con tres opciones en relación con la empresa informativa: sistema democrático (sistema de persuasión político de masas); sistema autoritario (sistema de exclusión político de masas); y sistema totalitario (sistema de condición político de masas).

-Dentro de la perspectiva del sistema político, se advierte que hay más libertad informativa en el sistema democrático, aunque esa libertad no es, ni mucho menos, total. También influye la perspectiva de la cultura política de cada país (en un territorio puede haber impuesto un sistema político que no tiene por qué coincidir con su cultura política) y los medios de comunicación disponibles (hay países a los que no llega internet, o donde la ley no permite más de cierto número de canales de televisión, etc.).

Actualmente, en el siglo XXI, disponemos de nuevas tecnologías y con ellas aparecieron nuevos modelos empresariales que afectan a los países desarrollados.

 

Pero, ¿cómo debería funcionar ese sistema de persuasión político de masas (o democracia)?

Se corresponde con las democracias tradicionales. Este sistema está por encima del resto de sistemas en el desarrollo de los derechos y libertades.

La democracia es el sistema al que aspiran todas las naciones. Anteriormente habían pocas democracias y más dictaduras. El sistema democrático pretende alcanzar armonía entre los derechos y las libertades de los ciudadanos.

La pretensión es crear ciudadanos libres en un sistema democrático bajo instituciones como la prensa independientes. Dentro de los sistemas democráticos existe un pluralismo político e informativo.

Los medios tienen diferentes funciones, pero  la más importantes es formar una opinión libre en la opinión pública que va a formar parte de ese pluralismo político.

Lástima que todos estos aspectos teóricos se queden en papel mojado a la hora de la verdad. Con los matices que se han apuntado al principio, es probable que ahora mismo los sistemás democráticos tal como los conocemos estén más cerca de las características y objetivos de lo que se denomina conducción política de masas. O dictadura. Pensemos: ¿hay tanta diferencia entre la democracia y la dictadura? ¿Los ciudadanos tienen el verdadero poder sobre su Estado? Desde luego, en este sentido, el periodismo no está a la altura del entorno político en el que se supone que se encuentra.

Precisamente por eso, porque sin periodismo no hay democracia, ahora mismo no vivimos en una democracia tal como está el periodismo. Así de sencillo.

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El Intermedio: el constantemente amenazado oasis de la izquierda en televisión


Los profesionales de los medios de comunicación españoles han permanecido a la espera de saber qué es lo que iba a pasar exactamente con la línea editorial de laSexta, el icono televisivo de la izquierda española, después de que el grupo Planeta, conglomerado empresarial de empresas de comunicación conservador, aprovechara la crisis económica para adquirir la cadena a precio de saldo y ante una situación que le obligada a ponerse en venta de forma inmediata o desaparecer.

 

De entre toda la programación de la cadena sita en la Ciudad de la Imagen, la que más destaca por el poco disimulo para mostrar su ideología es ‘El Intermedio’, espacio diario dentro de lo que se conoce como access prime time que dedica una hora a mostrar la actualidad de la política nacional de forma satírica. Desde que desapareciera la versión española de ‘Caiga quien caiga’, que en sus primeras temporadas además estuvo presentado por la misma persona que el programa de laSexta, se ha convertido en el único formato televisivo de ese género en toda España.

Se le empezaron a ver las orejas al lobo cuando José Manuel Lara, presidente del grupo Planeta, hizo unas declaraciones a las puertas de la fusión, con laSexta ya comprada: “¿que si me gusta Wyoming? Voy a ser sincero: sí y no. Hay cosas que me gustan y otras que no. Vamos a intentar mantener una Sexta de izquierdas que sea lo que Antena 3 es a la derecha: sin sorna, sin burla y sin befa.  No me gusta lo que se hace de algún personaje” en el programa conducido por Wyoming. Lara concluyó con respecto a este asunto diciendo que “no hace falta ese sarcasmo”.

Y desde que se pronunciara el que iba a ser el nuevo jefe de los hasta entonces acomodados trabajadores de la cadena de Mediapro empezaron a ponerse nerviosos al ver fríamente el futuro que se les avecinaba: o iban a empezar a estar incómodos, o estaban condenados a desaparecer. La derecha ahora era la que mandaba.


Los meses fueron pasando y, ya terminada la fusión, parecía que los cambios tenían que llegar de forma inmediata e irremediable. Los informativos de laSexta ya estaban integrados en la misma redacción que los de Antena 3 y los cambios en el organigrama de toda la recién adquirida cadena se habían producido. Parecía que lo que más iba a doler, que eran los cambios en la línea editorial, se estaban dejando para el final p0r ser los que más daño iban a provocar.

Era el tema pendiente: si se seguiría dejando a la izquierda campar a sus anchas en lo que ahora se llama Atresmedia y que hasta hace nada se había llamado Grupo Antena 3. Pero hay que tener una cosa muy en cuenta: en los últimos años, aunque laSexta haya pasado por cada vez más grandes dificultades económicas, era una cadena que se estaba consolidando y haciéndose un hueco muy importante entre una parte de los televidentes: la gente joven y la gente de izquierdas. Todo lo que valía el canal de televisión lo era gracias a ese público que arrastraba gracias a espacios tan definidos como ‘Salvados’ o ‘El Intermedio’.


Entonces, si Lara había adquirido laSexta y quería que le siguiera dando alguna rentabilidad, no podía perder a ese público que era el que mantenía a los programas y, por tanto, a los anunciantes. En las facultades de periodismo suele plantearse esta pregunta como ejemplo para explicar esta anomalía ética: “¿al dueño de un quiosco le interesa más que le compres un periódico de izquierdas o uno de derechas?” Para lo que después se suele decir: “al dueño de ese quiosco le da igual: lo que le importa es que se vendan los periódicos, sean de la ideología que sean”.

Según se ha sabido a través de la web elconfidencialdigital.com, ya se ha llegado a plantear seriamente sobre la mesa de las reuniones al más alto nivel del grupo de Lara el fin de ‘El Intermedio’ para siempre o tal como lo conocemos. También se habló de otros programas incómodos para la derecha: ‘Al rojo vivo’ y ‘Salvados’. Como ya hemos explicado, el programa producido por Globomedia y presentado por el Gran Wyoming y Sandra Sabatés era el que más peligro corría.

 

Pero parece que para Lara el ejemplo de los periódicos del quisquero se puede aplicar a su cadena y, por el momento, no habrá ninguna modificación en el espacio televisivo porque ahora mismo el criterio que prima sobre todas las cosas es el de la rentabilidad. Y ‘El Intermedio’ cuesta tres veces menos que ‘El Hormiguero’ (programa del mismo grupo) dando resultados de audiencia prácticamente iguales. Así que, como decía la sintonía de un ya extinto programa de televisión: “euros, euros, dubidú… si no los quieres, ¡allá tú!”.

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