Los intocables: cuidado al hablar de ellos

Ya hemos demostrado a veces de forma velada y a veces de forma directa a lo largo de las entradas de este blog que la libertad de expresión total, sencillamente, no existe. Ni siquiera en las sociedades con un nivel de desarrollo democrático muy avanzado pueden las personas o los medios de comunicación hablar libremente sobre cualquier cosa si su opinión o información contrapone ciertos intereses.

En este escrito vamos a presentar una guía rápida sobre aquellos sujetos e instituciones con más poder de influencia (ya sea económico, social o legal) para ser bien tratados en los mass media:

 

-Iconos sagrados

En este apartado entran los dioses, las figuras mitológicas y, como caso especial, los personajes políticos históricos (normalmente ya fallecidos, hecho que engrandecen sus figuras al nivel de mártires) que hacen referencia a las raíces de una sociedad o a un pasado glorioso.

El respeto que infunden a la sociedad para no hablar mal de ellos proviene de las sensibilidades de sus seguidores: el grado de fanatismo puede llegar a provocar que sus fieles, ante cualquier amenaza (ya sea un ataque físico o lo que ellos pueden considerar ‘blasfemia’), ejecuten una respuesta mucho más cruel, llegando incluso a estar dispuestos a morir por ellos y, por supuesto y en consecuencia, también a matar a sus detractores.

 

Realeza

Normalmente, los jefes de Estado son las figuras más respetadas a nivel político en cada una de las naciones, puesto que son los máximos dirigentes del presente y futuro del país. Aún así, pueden ser objeto de críticas que normalmente no son censuradas a no ser que caigan en la improcedencia o en la vulneración de los derechos al honor, a la intimidad personal y familiar o a la propia imagen.

Pero, en lo que a la elección de ese puesto se refiere, reside la gran diferencia para su tratamiento en los medios de comunicación: un jefe de Estado elegido mediante elecciones es constantemente cuestionado, puesto que los ciudadanos conocen otras alternativas para relevarles en sus cargos y porque hay una oposición (con su propia influencia en medios como actor político) que se encarga de seguir cada uno de sus pasos y denunciar públicamente los que no considera que se hayan dado correctamente.

Sin embargo, el hecho de que un jefe de Estado no se elija mediante elecciones (normalmente reyes), no genera ese debate social, constante y necesario, cada fin de legislatura para cuestionar su trabajo, ni tampoco una oposición que vigile sus acciones políticas. Además, precisamente por la concentración de poder de la que dispone, infunde un miedo velado en los personajes de menor rango al suyo (tanto políticos que controlan los medios públicos como empresariales que controlan los medios privados).

En consecuencia, cualquier persona cercana a ellos (familia real y amigos cercanos) también se benefician de ese temor para que no se vea afectada su imagen pública.

 

Símbolos nacionales

Los símbolos de un Estado y/o nación tienen la particularidad de que, aparte de representar a prácticamente la mayoría de los ciudadanos de ese lugar, no son entes reales que evoquen a una figura humana y, por tanto, no pueden emitir una opinión sobre cualquier asunto. Es como un fantasma: cada uno lo ve de una forma distinta y, en realidad, es algo que no existe.

Estamos muy acostumbrados a escuchar discursos que hablan sobre lo que es ‘mejor’ para la patria, para el Estado, para la nación, el himno o la bandera… pero realmente nadie lo sabe porque es una figura tan genérica que, en instancias de efecto, sólo se refiere al territorio y a las personas de un lugar determinado.

Al igual que ocurre con los símbolos sagrados (que tampoco hacen referencia a valores tangibles), tienen seguidores con alto grado de fanatismo por sobrerrepresentar ese símbolo según su idología, pero también se le añade el hecho de que tantas personas sean representadas por ellos y que haya un nivel aceptable de tolerancia para que así sea (salvo algunos casos, como el de España, en el que mucha gente no se siente representada con sus símbolos nacionales por razones autóctonas y contextuales).

 

Representantes y cargos políticos

Precisamente por su entidad de mandatarios y de representación, son figuras para las que existe un consenso social que está de acuerdo con otorgarles cierto respeto y dentro de un debate en el que normalmente, en los medios de comunicación, se crea un contexto en el que no se llegan a utilizar términos peroyativos o improcedentes. No obstante, una de las grandezas de la democracia consiste en que todo cargo público sea objeto de crítica y cuestión, lo que permite (en teoría) que ese mismo cargo sea consciente de sus errores para corregirlos o sea relevado en su cargo mediante elecciones.

Pero no todos los representantes políticos son tratados por igual: existen dos factores que permiten medir si éstos pueden ser tratados mejor o peor en la prensa y foros públicos: el nivel de visibilidad y el nivel de afiliación con las fuerzas y  cuerpos de seguridad del Estado.

Por un lado, cuanto mayor sea el nivel de visibilidad (más exposición pública), menos respeto infunde puesto que está más ‘en contacto’ con la gente y ésta, al conocerle, le concibe como alguien cercano que, por tanto, le infundir menos ‘grandiosidad’ y respeto y, por otro lado, cuanto mayor sea el nivel de afiliación con las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, más respeto se le confiere puesto que son políticos a los que se les ‘magnifica’ y a los que se les teme por manejar redes de espionaje, inteligencia, armas y/o equipos de personas armadas.

 

Empresarios

Los empresarios infunden poder y respeto en la opinión pública por dos vertientes: una, la económica (se perciben como personas muy ricas y, por tanto, con poder para comprar voluntades o ejecutar servicios de creación de influencia); y otra, la patronal (dan trabajo a mucha gente y puede que a cualquiera de nosotros pueda contratarnos como personas o a nuestra empresa como proveedor en un futuro).

Además, los empresarios son por lo general personas muy alejadas de la esfera pública y suelen dejar los asuntos de comunicación en manos de portavoces. Quieren una vida discreta, acorde a su nivel económico. No olvidemos que los medios de comunicación masivos son percibidos en las clases altas como instrumentos de entretenimiento para el proletariado.

 

Fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado

Las propias fuerzas del orden (además de quienes las dirigen, como hemos apuntado en el apartado ‘Representantes y cargos públicos’) son figuras con un nivel de visibilidad nulo (ejército e inteligencia) o bajo (resto de cuerpos de seguridad). Por contrato, no pueden exponerse públicamente a medios de comunicación sin permiso de sus superiores y, en ese caso, por supuesto no sería para hablar mal de la institución.

Por cuestiones ideológicas, tampoco suelen sentirse cómodos al comentar su trabajo en sus entornos, por lo que, además de atarles el contrato, les ata el mantenimiento de su buena imagen pública. En cuestión de protocolo, es un tema bastante sensible (como la religión, la política o las cuestiones médicas). Por poner un ejemplo, decir que eres militar a un activista por la paz que acabas de conocer puede generar una fuerte discusión y, por tanto, dificultar tus relaciones sociales.

 

Marcas publicitarias

Las marcas, para los medios de comunicación, son absolutamente sagradas. En la inmensa mayoría de los casos, son su única fuente de financiación o la principal. De no ser así, puede que una marca determinada con información noticiable que le perjudique, en un futuro, quiera ser anunciada en ese medio; por tanto, mejor no decir nada. Es así de sencillo. Marcas igual a dinero, marcas igual a respeto.

 

Las únicas formas de escapar de esta espiral del silencio que se controla de forma mafiosa por estos actores es, por un lado, utilizar el único medio donde todavía (aunque cada vez menos) se pueden expresar cosas en libertad, que es internet; y, por otro lado, expresarnos de forma individual y sin medios con nuestro entorno comunicándoles nuestras opiniones e informaciones.

Todavía no han puesto cámaras en nuestras casas, así que… ¡aprovechemos!

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¿Qué tipos de presentadores triunfan en televisión?

Quizá el título de este escrito parezca un poco rimbombante, presentado como el santo grial de todos aquellos que desean triunfar en un mundo tan enriquecedor (sobre todo en el sentido económico) como es el de la televisión. Pero aquí no vamos a hablar sobre qué hay que hacer para llegar hasta ahí, sino cómo hay que hacerlo una vez se ha llegado ahí.

Si explicáramos lo primero, tendríamos que hacer un extenso ensayo para hablar sobre cómo aplicar en este mundo la suerte, las relaciones públicas y la profesionalidad —desgraciadamente lo último en orden de prioridad—. También hay muchos detalles a tener en cuenta sobre el cómo, pero vamos a intentar hacer algo resumido a modo de “manual básico”.

Hoy hemos conocido la noticia de que Sandra Barneda ha sido renovada en Mediaset España hasta el año 2018. La publicación en Facebook que da acceso a la web para leer la información está siendo invadida por comentarios de los usuarios de la red social nada favorables para la presentadora.

 

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Los comentarios siguen y siguen. Como vemos, podemos leer cosas como “(Telecinco) es la única cadena que la quiere”, “se tiene que ir”“mediocre”… está claro que parece no tener mucho encanto entre la gente, pero por otro lado la cadena confía en ella hasta el punto de comprometerle con un contrato blindado (o, lo que es lo mismo, aquel que ata con exclusividad a un canal y, por tanto, son los mejor pagados), sin duda los más codiciados de todos los profesionales de la televisión. ¿Cómo es posible? Pues porque Sandra Barneda no tiene carisma. No tiene un perfil que arrastre masas. Pero esto lo explicaremos más adelante.

Cada presentador tiene su perfil y su personalidad, y eso es algo que los telespectadores ven a través de las pantallas de sus casas; son muchas horas los unos junto a los otros, aunque sea de forma virtual. Tengamos en cuenta que, si una persona ve un telediario todos los días a la misma hora, está pasando alrededor de cuarenta y cinco minutos viendo y escuchando a una misma persona. Al final de la semana (suponiendo que presentara ese espacio de lunes a viernes), hemos estado “conociendo” a un presentador durante tres horas y cuarenta y cinco minutos. Eso, una semana tras otra. Al final de un mes, la cifra puede elevarse hasta las quince horas. Os aseguro que hay muchas personas que ven a sus amigos y familiares durante menos tiempo a lo largo de esas cinco semanas.

Podríamos analizar muchísimos perfiles de presentadores porque, como hemos apuntado antes, las claves de su éxito son casi exclusivos de cada uno: pero sí podemos englobarlos en grandes grupos partiendo de ejemplos que todos conocemos:

 
 

-El busto parlante

Esta es la primera figura que se conoció en televisión: al principio, las cadenas televisivas contrataron a profesionales de la radio para hacer prácticamente lo mismo que hacían en su anterior trabajo pero, además, añadiendo una cámara delante. Era algo más dificultoso porque no se podía estar leyendo todo el rato un papel tras otro, y los conductores tenían que levantar los ojos de vez en cuando y mirar a cámara para conectar un poco más con el público.

Hoy en día, esos textos se leen reflejados en un vidrio espejado que se pone delante de la cámara —también conocido como “prompter”— consiguiendo que el presentador lea a la vez que mira la cámara y sin preocuparse de tener que aprenderse de memoria los textos; así puede centrarse más en el cómo lo dice. Del qué ya se ha encargado el equipo de redacción, normalmente supervisado o conjuntamente escrito por la misma persona que después lo va a leer delante de una cámara.

Aquí existe un valor fundamental para triunfar: la credibilidad. Tenemos que creernos lo que dice. Hay que trasmitir seguridad: no titubear, mirar firmemente a la cámara e interpretar las noticias. En la interpretación está quizá lo más complicado para los conductores de informativos: es el matiz personal, su marca, su sello. Un rostro de preocupación, de sorpresa o sonriente es algo que nos caracteriza a cada uno de nosotros y forma parte de nuestra personalidad. A todos se nos viene ahora mismo a la cabeza alguna persona que transmite sus emociones de una forma especial.

Pues bien: a cada noticia hay que darle su interpretación. No se puede contar de la misma manera una noticia de una catástrofe que otra que hable sobre el carnaval. Es ahí donde se incorporan los matices de cada presentador y que nos pueden hacer más o menos gracia o provocarnos más o menos empatía y, por tanto, hacer que nos creamos o no a esa persona.

El factor fundamental del éxito de estos profesionales está —además de en esos rasgos narrativos que nos transmiten personalidad— en el tiempo que llevan trabajando en antena. Cuanto más esté un profesional en activo, más profesionalidad nos trasmite, más experiencia y más sensación de saber de lo que habla. Lo mismo nos sucede con los políticos o con cualquier otro profesional: los que llegan nuevos tienden a darnos menos confianza porque no tiene mucha experiencia. Normalmente, ya que algún día se tendrán que jubilar los presentadores, se producen periodos de transición para que esas caras nuevas se vayan abriendo paso: un rostro joven presenta conjuntamente el informativo junto con una cara conocida, o comienza presentado un espacio concreto (como los deportes o el tiempo).

Algunos ejemplos pueden ser Pedro Piqueras, Ana Blanco o Matías Prats.

 
 

-El presentador carismático

Cómo se consigue el carisma es uno de los grandes misterios en la historia de la comunicación. En resumidas cuentas: es algo con lo que se nace, que se tiene o no se tiene.  Lo cierto es que hay muchas personas que tienen carisma pero sólo lo manifiestan en determinados contextos, y es ahí donde un buen asesor de comunicación puede ayudarles a transmitirlo en su faceta profesional.

Podría decirse que el carisma es una magia especial que tiene la personalidad de algunas personas que provoca una emoción gratificante, basada en una profunda obnubilación. Puede provocar carisma para bien (cuando alguien gusta como un modelo de aspiración) o puede provocar carisma para mal (en esos casos en los que un personaje arrastra masas por el odio que despierta, funcionando  como un mecanismo de descarga masiva de frustraciones).

Los presentadores carismáticos son los que tienen una personalidad especial y que, además, saben transmitirla en la pantalla. Sería algo así como comportarse sin tener en cuenta las cámaras en ningún momento. También es cierto que, para que ese personaje llegue mucho más al público, se pueden potenciar ciertos matices comunicativos precisamente cuando están siendo grabados, pero se corre la amenaza de que el público detecte como forzada esa interpretación.

Frecuentemente, este tipo de conductores son los que más triunfan en televisión (en formatos distintos al busto parlante de informativos). El público acaba hablando de ellos como si fueran verdaderos amigos, porque exponen en tan gran medida su personalidad que acaban filtrándose muchos rasgos de sus vidas privadas, generando un grado de confianza que aumenta más y más a medida que aparece en los medios.

Como ejemplos podemos citar a Jorge Javier Vázquez, Fran Cuesta (Frank de la Jungla) o Mariló Montero.

 
 

-El presentador técnico

Este es un tipo de presentador informativo pero que presenta formatos de entretenimiento. Su estilo es el de hacer las cosas bien, de forma muy práctica y metódica, digamos que muy teórica, y que se preocupan por un resultado efectivo en la trasmisión de los mensajes más que en el cómo. Digamos que son presentadores faltos de carisma, pero que pueden triunfar perfectamente por otras cosas (imagen física, profesionalidad, credibilidad o gracias al éxito del formato que presentan).

Ellos son los que más tipo de controversia despiertan precisamente porque no saben (o no quieren) transmitir su personalidad. Normalmente se les tacha de secos, de aburridos… pero se les califica así por dos motivos: el primero, porque se resisten de algún modo a transmitirle esa confianza “de amigo” al espectador y, el segundo, porque tendemos a compararlos con los grandes líderes carismáticos que se desnudan (a veces hasta físicamente) delante de las cámaras.

Un presentador de informativos es mucho más seco o aburrido que ellos, pero no se les denomina así porque tienen el respeto del público, ya que son considerados como personajes que nos “enseñan” o que saben mucho de lo que hablan y porque los temas de los que hablan son temas muy serios; desde luego, los más serios que se pueden tratar por televisión.

Normalmente, como hemos dicho antes, estos presentadores dan un resultado correcto y las grandes cotas de audiencia se adquieren en sus espacios por temas ajenos a su gestión de conducción, como tener grandes exclusivas o rodearse de colaboradores carismáticos. Desde luego sus contratos no tienen una remuneración tan elevada como los de los presentadores carismáticos, porque no arrastran a las audiencias por sí mismos.

Aquí encontramos a Sandra Barneda, Antonio García Ferreras o Iñaki López.

 
 

-El ‘showman’

Aquí encontramos a aquellos presentadores que no tienen formación en comunicación o, por lo menos, no les hace falta para desempeñar su labor. Su trabajo consiste en presentar un formato muy visual, con mucho contenido vacío de palabras e ideas complejas. Muchos de ellos, de hecho, proceden del mundo de la interpretación. Sus espacios televisivos son grandes formatos de entretenimiento de espectáculos de humor, música, concursos o todo a la vez.

Estos espacios probablemente podrían salir rentables en otro tipo de plataformas sin ser retransmitidos por televisión, como teatros o grandes eventos. A veces se pueden combinar las fuentes de público (obra de teatro o concierto con espectadores que, a la vez, se transmite por televisión).

Su diferencia con los presentadores carismáticos es que, en esta ocasión, ellos sí interpretan un papel. Y, si no lo hacen, dan la sensación de que así está sucediendo.

Como grandes ejemplos de esta categoría tenemos a Arturo Valls, Loles León o Anabel Alonso.

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Los que se quedan fuera de esta lista son, o porque pueden abarcar varias categorías (como María Teresa Campos, que tiene capacidad para presentar un formato de entretenimiento o un espacio informativo del mismo modo), o porque, por el contrario, porque no pueden abarcar ninguna. En este último caso, suele suceder por falta de cualidades tanto carismáticas como informativas, lo que tiene como consecuencia un escaso futuro en la televisión.

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El mayor secreto de los medios: las noticias sobre ellos mismos


Uno de los asuntos más contradictorios en los medios de comunicación es que por una parte se pida transparencia informativa y libertad para publicar contenidos pero, al mismo tiempo, no se hable sobre lo que le sucede a la propia empresa que edita y difunde esas informaciones.

Teniendo en cuenta que un medio de comunicación se limita y funciona mediante las mismas leyes que cualquier empresa (algo que viola sistemáticamente los fundamentos para establecer términos éticos rígidos), no es de extrañar que se den estas anomalías deontológicas. Como dijo el periodista Ryszard Kapuściński, “cuando se descubrió que la información era un negocio, la verdad dejó de ser importante”.

A continuación veremos en qué casos se publican noticias sobre medios de comunicación:

Noticias que benefician al medio

Cuando algún periódico, web, radio o televisión ha obtenido algún logro o tiene algún dato positivo que comunicar, normalmente se hace mediante inserciones publicitarias en sus franjas comerciales o como noticia en sus propios programas o secciones. Se suele optar por lo primero porque es menos descarado y no tan arrogante. Es frecuente que estas noticias tengan que ver sobre datos de audiencia aumentados con respecto a otros tramos temporales, fusiones con otros medios o el aumento de la obtención de beneficios económicos. Más que para su propio regocijo, estos datos se suelen difundir para lanzar un mensaje de superioridad hacia la competencia y para convencer al espectador o lector de que está eligiendo el mejor sitio para informarse, pero cabe destacar que nada tiene que ver el número de personas que consumen ese medio con la calidad informativa que ofrece; muchas veces es inversamente proporcional.

Noticias que perjudican al medio competidor

De la estrategia del apartado que precede a éste, deriva ese fenómeno propio de niños consistente en restregar los malos datos o noticias negativas sobre la competencia para conseguir el mismo efecto que la difusión de contenidos que benefician al propio medio: perjudicar al rival o decirle al espectador que está escogiendo la mejor opción frente a la alternativa. Aunque se suele tener cautela para publicar este tipo de informaciones, hay veces que, dependiendo de la época o de la diferencia entre los espectadores de uno u otro (cuanta más pequeña es la diferencia más suele darse), esas noticias contienen datos muy sensibles y se intenta hacer mucha sangre con ellas. Es raro poder encontrarlas precisamente porque todos tienen muchas vergüenzas que guardar, y la respuesta podría ser igual de dolorosa por parte del primer perjudicado. Es por ello por lo que se establece una especie de coexistencia pacífica, como así sucede en la mayoría de las guerras frías que se libran en todos los ámbitos, en este caso el empresarial. Una guerra caliente, que en este tema se traduciría en unos medios hablando sin límites sobre los secretos de sus rivales, podría terminar por hundirse los unos a los otros.

Noticias en un medio menor sobre asuntos de otros medios pero nunca del propio

Debido a que la guerra que podría desatarse si los medios empezaran a contar todos los trapos sucios entre ellos sería altamente autodestructiva, los programas que contienen únicamente noticias sobre las empresas informativas quedan relegados a medios con audiencias discretas, como internet o pequeñas plataformas en papel. A pesar de ello, tampoco son demasiado importantes los hechos que se filtran hasta estos sitios porque habitualmente esos datos sólo son conocidos por los propios trabajadores y por los dueños. Los primeros no van a arriesgar su trabajo así como así, y los segundos evidentemente no van a filtrar nada que pueda perjudicar a su negocio.


Los sitios más conocidos sobre noticias que hablan de medios de comunicación son webs especializadas en televisión (como por ejemplo Vertele), cuyas informaciones no suelen pasar de chascarrillos sobre aperturas o cierres de programas, y la sección ‘Reality News’ de la revista satírica Mongolia, cuyas noticias son de alta calidad y sus fuentes de primera mano, pues no olvidemos que esa publicación se fundó por extrabajadores de medios serios y relevantes que, por distintos motivos, fueron cesados de sus cargos.

Las noticias que nunca aparecen

Ahora mismo es díficil que no aparezca ninguna noticia con cierto interés en cualquier medio, debido a la facilidad y a la universalidad del uso de las actuales tecnologías de la información. Aún así, permanecen muchas veces a la sombra datos que conciernen a medios de comunicación sobre acoso a trabajadores, negocios sucios de los dueños, utilización de rutinas y técnicas de manipulación informativa o relaciones más allá de lo profesional entre propietarios de medios y usufructuarios de los poderes públicos, que son sólo algunos ejemplos de lo que no sabemos. Puede que se publique algo en algún blog, en algún libro o en alguna emisora minoritaria y que pase de largo sin pena ni gloria para la inmensa mayoría de los ciudadanos. También ocurre que esa noticia pueda publicarse en medios fuera del ámbito geográfico en el que sucede (por ejemplo, que se publiquen en España las noticias sobre los juicios de Berlusconi), y que siguen dejando impune al culpable frente a los ojos de la gente que se encuentra en su entorno personal, social y empresarial.

Los medios, como agentes sociales que deberían ser, tendrían que responder ante sus propias acciones cumpliendo la función con la que ellos mismos justifican su existencia: la distribución de la información, la búsqueda de la verdad y la misión de cumplir el papel de ‘perro guardián’ del pueblo llano frente al poder. Pero todo es pura retórica. A la vista está. No hay discusión al afirmar que una difusión correcta de los datos sobre empresas informativas sigue siendo, sin duda, una asignatura pendiente del conglomerado de comunicación español.

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