¿Qué tipos de presentadores triunfan en televisión?

Quizá el título de este escrito parezca un poco rimbombante, presentado como el santo grial de todos aquellos que desean triunfar en un mundo tan enriquecedor (sobre todo en el sentido económico) como es el de la televisión. Pero aquí no vamos a hablar sobre qué hay que hacer para llegar hasta ahí, sino cómo hay que hacerlo una vez se ha llegado ahí.

Si explicáramos lo primero, tendríamos que hacer un extenso ensayo para hablar sobre cómo aplicar en este mundo la suerte, las relaciones públicas y la profesionalidad —desgraciadamente lo último en orden de prioridad—. También hay muchos detalles a tener en cuenta sobre el cómo, pero vamos a intentar hacer algo resumido a modo de “manual básico”.

Hoy hemos conocido la noticia de que Sandra Barneda ha sido renovada en Mediaset España hasta el año 2018. La publicación en Facebook que da acceso a la web para leer la información está siendo invadida por comentarios de los usuarios de la red social nada favorables para la presentadora.

 

imagenSandra

Los comentarios siguen y siguen. Como vemos, podemos leer cosas como “(Telecinco) es la única cadena que la quiere”, “se tiene que ir”“mediocre”… está claro que parece no tener mucho encanto entre la gente, pero por otro lado la cadena confía en ella hasta el punto de comprometerle con un contrato blindado (o, lo que es lo mismo, aquel que ata con exclusividad a un canal y, por tanto, son los mejor pagados), sin duda los más codiciados de todos los profesionales de la televisión. ¿Cómo es posible? Pues porque Sandra Barneda no tiene carisma. No tiene un perfil que arrastre masas. Pero esto lo explicaremos más adelante.

Cada presentador tiene su perfil y su personalidad, y eso es algo que los telespectadores ven a través de las pantallas de sus casas; son muchas horas los unos junto a los otros, aunque sea de forma virtual. Tengamos en cuenta que, si una persona ve un telediario todos los días a la misma hora, está pasando alrededor de cuarenta y cinco minutos viendo y escuchando a una misma persona. Al final de la semana (suponiendo que presentara ese espacio de lunes a viernes), hemos estado “conociendo” a un presentador durante tres horas y cuarenta y cinco minutos. Eso, una semana tras otra. Al final de un mes, la cifra puede elevarse hasta las quince horas. Os aseguro que hay muchas personas que ven a sus amigos y familiares durante menos tiempo a lo largo de esas cinco semanas.

Podríamos analizar muchísimos perfiles de presentadores porque, como hemos apuntado antes, las claves de su éxito son casi exclusivos de cada uno: pero sí podemos englobarlos en grandes grupos partiendo de ejemplos que todos conocemos:

 
 

-El busto parlante

Esta es la primera figura que se conoció en televisión: al principio, las cadenas televisivas contrataron a profesionales de la radio para hacer prácticamente lo mismo que hacían en su anterior trabajo pero, además, añadiendo una cámara delante. Era algo más dificultoso porque no se podía estar leyendo todo el rato un papel tras otro, y los conductores tenían que levantar los ojos de vez en cuando y mirar a cámara para conectar un poco más con el público.

Hoy en día, esos textos se leen reflejados en un vidrio espejado que se pone delante de la cámara —también conocido como “prompter”— consiguiendo que el presentador lea a la vez que mira la cámara y sin preocuparse de tener que aprenderse de memoria los textos; así puede centrarse más en el cómo lo dice. Del qué ya se ha encargado el equipo de redacción, normalmente supervisado o conjuntamente escrito por la misma persona que después lo va a leer delante de una cámara.

Aquí existe un valor fundamental para triunfar: la credibilidad. Tenemos que creernos lo que dice. Hay que trasmitir seguridad: no titubear, mirar firmemente a la cámara e interpretar las noticias. En la interpretación está quizá lo más complicado para los conductores de informativos: es el matiz personal, su marca, su sello. Un rostro de preocupación, de sorpresa o sonriente es algo que nos caracteriza a cada uno de nosotros y forma parte de nuestra personalidad. A todos se nos viene ahora mismo a la cabeza alguna persona que transmite sus emociones de una forma especial.

Pues bien: a cada noticia hay que darle su interpretación. No se puede contar de la misma manera una noticia de una catástrofe que otra que hable sobre el carnaval. Es ahí donde se incorporan los matices de cada presentador y que nos pueden hacer más o menos gracia o provocarnos más o menos empatía y, por tanto, hacer que nos creamos o no a esa persona.

El factor fundamental del éxito de estos profesionales está —además de en esos rasgos narrativos que nos transmiten personalidad— en el tiempo que llevan trabajando en antena. Cuanto más esté un profesional en activo, más profesionalidad nos trasmite, más experiencia y más sensación de saber de lo que habla. Lo mismo nos sucede con los políticos o con cualquier otro profesional: los que llegan nuevos tienden a darnos menos confianza porque no tiene mucha experiencia. Normalmente, ya que algún día se tendrán que jubilar los presentadores, se producen periodos de transición para que esas caras nuevas se vayan abriendo paso: un rostro joven presenta conjuntamente el informativo junto con una cara conocida, o comienza presentado un espacio concreto (como los deportes o el tiempo).

Algunos ejemplos pueden ser Pedro Piqueras, Ana Blanco o Matías Prats.

 
 

-El presentador carismático

Cómo se consigue el carisma es uno de los grandes misterios en la historia de la comunicación. En resumidas cuentas: es algo con lo que se nace, que se tiene o no se tiene.  Lo cierto es que hay muchas personas que tienen carisma pero sólo lo manifiestan en determinados contextos, y es ahí donde un buen asesor de comunicación puede ayudarles a transmitirlo en su faceta profesional.

Podría decirse que el carisma es una magia especial que tiene la personalidad de algunas personas que provoca una emoción gratificante, basada en una profunda obnubilación. Puede provocar carisma para bien (cuando alguien gusta como un modelo de aspiración) o puede provocar carisma para mal (en esos casos en los que un personaje arrastra masas por el odio que despierta, funcionando  como un mecanismo de descarga masiva de frustraciones).

Los presentadores carismáticos son los que tienen una personalidad especial y que, además, saben transmitirla en la pantalla. Sería algo así como comportarse sin tener en cuenta las cámaras en ningún momento. También es cierto que, para que ese personaje llegue mucho más al público, se pueden potenciar ciertos matices comunicativos precisamente cuando están siendo grabados, pero se corre la amenaza de que el público detecte como forzada esa interpretación.

Frecuentemente, este tipo de conductores son los que más triunfan en televisión (en formatos distintos al busto parlante de informativos). El público acaba hablando de ellos como si fueran verdaderos amigos, porque exponen en tan gran medida su personalidad que acaban filtrándose muchos rasgos de sus vidas privadas, generando un grado de confianza que aumenta más y más a medida que aparece en los medios.

Como ejemplos podemos citar a Jorge Javier Vázquez, Fran Cuesta (Frank de la Jungla) o Mariló Montero.

 
 

-El presentador técnico

Este es un tipo de presentador informativo pero que presenta formatos de entretenimiento. Su estilo es el de hacer las cosas bien, de forma muy práctica y metódica, digamos que muy teórica, y que se preocupan por un resultado efectivo en la trasmisión de los mensajes más que en el cómo. Digamos que son presentadores faltos de carisma, pero que pueden triunfar perfectamente por otras cosas (imagen física, profesionalidad, credibilidad o gracias al éxito del formato que presentan).

Ellos son los que más tipo de controversia despiertan precisamente porque no saben (o no quieren) transmitir su personalidad. Normalmente se les tacha de secos, de aburridos… pero se les califica así por dos motivos: el primero, porque se resisten de algún modo a transmitirle esa confianza “de amigo” al espectador y, el segundo, porque tendemos a compararlos con los grandes líderes carismáticos que se desnudan (a veces hasta físicamente) delante de las cámaras.

Un presentador de informativos es mucho más seco o aburrido que ellos, pero no se les denomina así porque tienen el respeto del público, ya que son considerados como personajes que nos “enseñan” o que saben mucho de lo que hablan y porque los temas de los que hablan son temas muy serios; desde luego, los más serios que se pueden tratar por televisión.

Normalmente, como hemos dicho antes, estos presentadores dan un resultado correcto y las grandes cotas de audiencia se adquieren en sus espacios por temas ajenos a su gestión de conducción, como tener grandes exclusivas o rodearse de colaboradores carismáticos. Desde luego sus contratos no tienen una remuneración tan elevada como los de los presentadores carismáticos, porque no arrastran a las audiencias por sí mismos.

Aquí encontramos a Sandra Barneda, Antonio García Ferreras o Iñaki López.

 
 

-El ‘showman’

Aquí encontramos a aquellos presentadores que no tienen formación en comunicación o, por lo menos, no les hace falta para desempeñar su labor. Su trabajo consiste en presentar un formato muy visual, con mucho contenido vacío de palabras e ideas complejas. Muchos de ellos, de hecho, proceden del mundo de la interpretación. Sus espacios televisivos son grandes formatos de entretenimiento de espectáculos de humor, música, concursos o todo a la vez.

Estos espacios probablemente podrían salir rentables en otro tipo de plataformas sin ser retransmitidos por televisión, como teatros o grandes eventos. A veces se pueden combinar las fuentes de público (obra de teatro o concierto con espectadores que, a la vez, se transmite por televisión).

Su diferencia con los presentadores carismáticos es que, en esta ocasión, ellos sí interpretan un papel. Y, si no lo hacen, dan la sensación de que así está sucediendo.

Como grandes ejemplos de esta categoría tenemos a Arturo Valls, Loles León o Anabel Alonso.

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Los que se quedan fuera de esta lista son, o porque pueden abarcar varias categorías (como María Teresa Campos, que tiene capacidad para presentar un formato de entretenimiento o un espacio informativo del mismo modo), o porque, por el contrario, porque no pueden abarcar ninguna. En este último caso, suele suceder por falta de cualidades tanto carismáticas como informativas, lo que tiene como consecuencia un escaso futuro en la televisión.

Este artículo está publicado bajo licencia Creative Commons

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6 comments

  1. Hola Gabriel. He estado hojeando tu blog y me gusta mucho su contenido. Me ponía en contacto contigo para ofrecerte un proyecto de colaboración con nuestro blog. Si te interesa podrías pasarme tu correo electrónico y te comento mejor. Un saludo.

  2. Muy interesante tu blog y esta entrada en concreto. Enhorabuena.
    A mí Sandra Barneda me parece estupenda salvo cuando se pone emotiva. Supongo que esto último es lo que más interesa a la cadena, claro. Da la impresión de no haberse maleado todavía en ese medio tremendo.

    1. Muchas gracias por tus palabras, María-Cruz.
      Probablemente no guste cuando se pone emotiva porque el público lo percibe como una interpretación, al estar acostumbrados a su perfil tan técnico… por lo menos es lo que a mí me sucede.

    2. Sandra Barneda la vi muy competente en el liderazgo de tertulias y entrevistas sin ser ella la protagonista. Cuando se pone emotiva creo que no la he visto.

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