Cuando el periodismo no es el culpable

Los periodistas son, probablemente, la agrupación profesional altamente cualificada más denostada en las sociedades occidentales. Sensacionalismo, mentiras y medias verdades, amores secretos (y no tan secretos) con el poder y el dinero… Es cierto: el periodismo tiene mucho que esconder y mucho de lo que avergonzarse.

Pero hay ocasiones en las que, ejerciendo el trabajo de manera correcta, algo sale mal al margen de la voluntad del profesional de la comunicación. Y, para colmo de males, es precisamente éste el que se lleva, dentro de la inercia y la costumbre de ser siempre los responsables, las culpas de todo. Es como si, siguiendo la receta para elaborar un soufflé de forma exacta y meticulosa, luego no nos suba en el horno o no acabe sabiendo bien porque nos han vendido los huevos en mal estado. Una pena, ¿verdad?

¿Cuándo puede corromperse un trabajo periodístico ejerciendo bien el periodismo? Veamos las posibilidades:

-La mentira intencionada

Una de las labores periodísticas más ejercidas e imprescindibles es la de contrastar una información con las fuentes. Pero hay ocasiones en las que esas fuentes pueden tener la intención de que la noticia se desvirtúe, de cubrirse las espaldas o simplemente de gastarnos una broma (de mal gusto, todo sea dicho). También sucede que, algunos de los sujetos a los que se acude para consultar los datos, exageran los detalles o se los inventan con el fin de que la noticia alcance más notoriedad y satisfacer así su afán de protagonismo (como las personas que afirmaron haber visto en directo, en el extinto programa ‘Sorpresa, sorpresa’, el momento en el que Ricky Martin estaba escondido en un armario para sorprender a una adolescente que comenzó a hacer cosas íntimas. Todo resultó ser una mentira que hoy en día se ha convertido en leyenda urbana).

Por estas razones es muy importante acudir a muchas fuentes (a favor y en contra, expertos en la materia, oficiales y no oficiales, etc.) y hacer acopio de la mayor cantidad de pruebas posible para saber si algo es o no cierto, y por tanto saber así si puede o no publicarse.


-La descontextualización

Este fenómeno sucede cuando se mezclan géneros periodísticos que nada tienen que ver. Para todo hay una parcela y una forma de contar la información, y es por ello por lo que un espectador, lector u oyente puede escoger ese medio o esa sección y no otra. Si, por poner un ejemplo, alguien busca seriedad, acudirá a un género informativo (como un noticiario de televisión) y, si busca divertirse, acudirá a un género de entretenimiento (como un programa de humor). El problema está cuando las fronteras se confunden. Lo que hay que tener muy claro es que el periodista tiene que conocer esas fronteras y nunca cometer el error de pensar que no existen.

Pero, como este artículo trata sobre los agentes externos al periodista que truncan su labor, resaltaremos que, normalmente, podemos ver este error cometido por las fuentes y en informaciones en directo, donde el profesional no puede descartarle para la elaboración del trabajo informativo, puesto que la información se está ofreciendo en ese mismo momento. Así, encontramos directos en televisión o radio en los que se entrevista a personas no tomándose en serio la gravedad de una noticia o simplemente hablando sobre algo que nada tiene que ver con el tema del que se está informando (como la persona que se cuela en un directo de una reportera de ‘Las Mañanas’ de TVE promocionando sus productos artesanales mientras entrevistaba a un ganador del primer premio de la lotería de Navidad 2014 o la llamada del abogado de Isabel Pantoja al programa ‘Sálvame’ puntualizando detalles de terminología jurídica que ni los espectadores ni los colaboradores de dicho espacio entendían).

La prensa escrita, por su idiosincrasia de ser una labor con proceso de elaboración previo a la publicación, debe ser siempre un trabajo contextualizado por el periodista que firma su texto, y por tanto sería imperdonable que se cometiera el error de incorporar información descontextualizada.

-La intermediación

Cada cadena en el eslabón de una información puede modificar la misma, ya sea quitando información, añadiendo más datos o cambiando lo que en primera instancia se ha transmitido. Sobre todo sucede que, en informaciones complejas (como términos jurídicos o económicos) los periodistas no especializados tienden a simplificar demasiado los titulares y las noticias para así hacer más comprensibles los datos, pero muchas veces se cae así en el error de cometer inexactitudes y, en muchas otras ocasiones o como consecuencia de esas inconcreciones, decir cosas que no son ciertas. El periodista tiene el deber de saber lo que dice y cómo decirlo, pero si hace uso de una información de una fuente que, por este caso, actúa como un intermediario de una información y la ha tergiversado, no ha cometido él el error, sino esa fuente.

Para citar un ejemplo conocido, el diario español ‘El País’ publicó en su portada una supuesta foto de Hugo Chávez intubado, acompañado de un texto en el que se ponía de manifiesto la falta de claridad en la información de las fuentes oficiales del gobierno de Venezuela, que insistían en que el estado de salud del mandatario, en ese momento, no era grave. La foto resultó ser falsa y se retiró aquella tirada del periódico, originando enormes pérdidas económicas y de credibilidad. Pero, contrariamente a lo que se piensa, el error no estuvo en la publicación de la fotografía por parte de este diario, sino en el hecho de que la agencia de noticias le vendiera a ‘El País’ esa imagen como verdadera.

-Los plazos

El tiempo es uno de los factores más importantes en el periodismo actual. De hecho, podría decirse que, en la época en la que vivimos, denominada ‘la era de la información’ (cuya principal característica es la instantaneidad de la información o, dicho de otro modo, que si sucede algo se puede saber al mismo tiempo que ocurre en cualquier parte del mundo), los plazos para publicar las noticias son, a corto plazo, la principal preocupación de los medios de comunicación, que son quienes deciden y ordenan cuándo debe lanzarse una información.

Los plazos se convierten en enemigos de los periodistas cuando ese tiempo limitado impide que una información se elabore correctamente. Consultar muchas fuentes, tener acceso a ciertos documentos o simplemente ordenar y estructurar la narración de una noticia o reportaje en cualquier formato supone tiempo; un tiempo que muchas veces no existe y que, en consecuencia, actúa en detrimento de la calidad o directamente del normal modo de confección de una labor informativa. Por eso, se insiste que en periodismo de investigación, lo que hace falta fundamentalmente es tiempo, imprescindible para llegar al fondo de una verdad muy escondida que a muchos sectores no les interesa que se sepa.

-La libertad absoluta

Quizá esto pueda chirriar en los oídos de algunas personas fundamentalistas de la moral periodística, pero es una evidencia incuestionable que las buenas noticias corresponden, normalmente, a periodistas y medios que tienen una buena dirección, que saben tomar decisiones, que saben cómo debe elaborarse una u otra información y que saben cómo y cuándo publicarla. No existe un buen medio de comunicación sin una buena dirección, y el ejemplo más claro es el actual panorama mediático español, donde los cambios de cargos directivos han llevado a entidades antaño de gran prestigio a un gran descrédito y decadencia.

Por supuesto que un buen periodista puede ser totalmente autónomo pero se debe, fundamentalmente, a que sabe autodirigirse después de llevar mucho tiempo trabajando con un mismo director o en un mismo medio de comunicación.

Por todas estas razones hay que dejar meridianamente clara una cosa: los periodistas no somos los poseedores de la verdad absoluta si no somos testigos directos de los hechos y, por tanto, fuentes a la vez que informadores.

Por todo ello, en caso de utilizar únicamente las fuentes para trabajar, hay que intentar hacer saber y también dar la sensación (pues la mujer del César no sólo tiene que serlo, sino parecerlo) de que nosotros somos únicamente transmisores de lo que contamos, y por eso hay que atribuir cada dato a cada referencia por la que se ha obtenido. Así, sólo se es responsable del compendio y selección de los datos, no de la veracidad absoluta de los mismos.

Este artículo está publicado bajo licencia Creative Commons

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