Los filtros mundiales de la información: lo prohibido para los periodistas


Aunque este blog trate temas sobre censura en medios de comunicación españoles, es necesario apuntar que estos mismos se rigen, a su vez, por unos condicionantes que funcionan de forma hegemónica sobre prácticamente todo el globo terráqueo.

Después de la caída del comunismo soviético, nos quedó una única potencia mudial que dirige el mundo a efectos prácticos: Estados Unidos. No sólo es el gran dictador a nivel económico: desde el ala oeste de la Casa Blanca (lugar donde se encuentra la oficina de prensa del Presidente) y el Pentágono (edificio donde se encuentran las oficinas de dirección de la defensa estadounidense) saben muy bien que la información, en la mayoría de las veces, es mucho más poderosa que cualquier arma militar.


Y ese poder que se quedó tras la Guerra Fría, la superpotencia del Tío Sam, también actúa como una especie de censor sobre los datos y los temas con los que se elaboran las noticias. En realidad funciona como un sistema de autocensura de los propios medios (mesoestructura comunicativa) y los profesionales de la información (microestructura). Todos saben muy bien que cualquier duda que se siembre a través de los medios para perjudicar a la cultura establecida será calificada por los demás como ataques, mentiras o conspiraciones provenientes de grupos antisistema: o estás conmigo, o estás contra mí.

En estos momentos, son cinco los filtros de información que existen para elaborar las noticias en las sociedades desarrolladas y en medios con una audiencia relevante:


La propiedad

Es evidente que no se va a publicar ninguna noticia que perjudique a los propietarios de esos medios, que a su vez suelen tener intereses en otras empresas, sean o no de comunicación, y más ahora en el actual panorama en el que existen tantísimas concentraciones e interconexiones a nivel accionarial. En este mismo blog hemos puesto ejemplos concretos sobre la existencia de este filtro, como la entrada sobre los bancos que acaparan propiedad de medios informativos o la que se refería a las noticias sobre ellos mismos.


La publicidad

Bajo la premisa de que “para hacer negocios se necesita el beneplácito de la publicidad”, nos encontramos a unos medios cuyas principales fuentes de ingresos vienen de los anunciantes. Las empresas informativas no se pagan solas, claro que no. Este dato es frecuentemente olvidado por las audiencias pero está constantemente presente en la mente tanto de los dueños como de los trabajadores de medios informativos: sin publicidad no hay dinero, aunque se atiborren de espectadores. Son los que les dan de comer.

Incluso en los canales, periódicos y emisoras con ingresos por suscripción, la publicidad está presente y, en menor medida, también acapara protagonismo en la lista de ingresos de las balanzas de pagos. Y esto ya no sólo incluye omitir noticias que puedan perjudicar a los anunciantes: también se realizan noticias que perjudican a los que no se anuncian. Para que todo suene bien en esta macabra orquesta, los medios tienen que incluir mensajes sobre la cultura del consumismo para facilitar la disposición de compra y que así esas empresas sigan teniendo dinero para invertir en campañas. Nada de programitas hippies o de manualidades hechas por chicos con rastas. Y la rueda gira y gira.


Las fuentes

Para elaborar cualquier información, es fundamental la consulta de fuentes. Y a las fuentes hay que tratarlas bien, porque como no quieran seguir proporcionándote información, se cierra el grifo y adiós noticias. En este escenario, existe una necesidad prácticamente funcional de los gabinetes de prensa, tanto de empresas como de instituciones públicas, y en la inmensa mayoría de las ocasiones se tratan los datos que ofrecen estas oficinas como dogma inquebrantable y es muy poco frecuente que esas informaciones se contrasten.

Pero las fuentes, además de esos gabinetes que se encargan de darles las noticias hechas a los periodistas, también se componen de los expertos. Aquí es el medio de comunicación el que tiene la opción fugaz de elegirlos, y esa selección se hace a partir de la información que al medio le interese contar. Si por ejemplo se elabora una noticia sobre la crisis en la que se quiere contar que los culpables son los responsables del antiguo gobierno de Aznar, el periodista incluirá en su información declaraciones de personas que públicamente se hayan pronunciado a favor de este argumento. Por supuesto, esos expertos tampoco disentirán del sistema ni lo cuestionarán. Y todos contentos.

Los correctivos

Este es el filtro que funciona cuando los otros no lo hacen. Es como una especie de ‘mano invisible’ de Adam Smith pero aplicada a la prensa: cuando un medio de comunicación sigue una línea no deseada para los poderes fácticos, existen unos mecanismos que se ponen a funcionar para ejercer presión por distintos frentes, corrigiendo esa actuación.

Puede ser presión social (con la pérdida de espectadores o consumidores), presión económica (donde los anunciantes huyen del patrocinio del espacio o medio) o directamente la presión política (ejercida mediante reuniones o comunicaciones entre políticos y propietarios de medios a los que se le advierte de las consecuencias de seguir esa línea editorial). Este filtro se puede plantear como la influencia del poder hegemónico.

El anticomunismo

La actual cultura occidental está tan embadurnada con esta idea que es probable que sorprenda la tipificación de este filtro por ser tan evidente. Como se ha explicado en el inicio de esta entrada, después de la caída de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, Estados Unidos tuvo y sigue teniendo barra libre para ejercer su control sobre el mundo. Entre ellos está el del poder cultural, el de las ideas, resumidas en ‘Estados Unidos es igual a democracia’, ‘el capitalismo es bueno’ , y ‘el comunismo es malo, malísimo’.

Así, la historia que se ha escrito de este movimiento todavía vigente en algunos países condenados a ser reductos anecdóticos, se ha basado en calificar las víctimas dignas (las que luchaban a favor del capitalismo) e indignas (las que luchaban por el comunismo). Además, la idea del anticomunismo se ha ido asociando poco a poco a las ideas de patriotismo y democracia, actualizándose con las críticas sobre los sistemas políticos por los que actualmente rigen países como Corea del Norte o Cuba. A través de este filtro, los medios hacen un ejercicio de amnesia al no recordar el actual milagro económico de un país comunista como China y al olvidarse también de que los países del tercer mundo son, en su inmensa mayoría, capitalistas.

Y aquí termina esta lista. Una especie de ‘Constitución’ de la información compuesta por estos cinco puntos a modo de ‘Principios Fundamentales’ o leyes inquebrantables. De forma evidente, los medios de comunicación españoles también están condicionados por estos filtros, como país establecido en la cultura occidental como es España. A eso hay que añadir los que tiene la propia nación; a esos, los del propio medio; y a todos esos, los del periodista. Y tras pasar todos esos filtros, ¿qué queda para informar? Muy sencillo: lo que tenemos.

Este artículo está publicado bajo licencia Creative Commons

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